El párrafo no tenía idea de si había aparecido desde algún momento determinado. Si había estado aquí desde siempre, toda noción de tiempo resultaría inútil. Tanteó un poco más abajo y se detuvo de golpe. Al descender, sus signos de puntuación habían tanteado algo nuevo. Envalentonándose, extendió sus dos puntos. Eran preguntas: ¿qué había más allá del cuadro? ¿Existían otros párrafos como él, contenidos detrás de su propia línea intangible? ¿Les brindaba, como a él, tanta seguridad, tanto control sobre el espacio habitado? Allá, mucho más abajo, sólo atinó a intuir un silencio blanco e inmóvil que le hizo brotar en la piel la palabra miedo, como un monstruo que hasta ahora había esperado agazapado en un rincón por su turno de salir a escena. Ojalá que no muera pronto, deseó, ojalá que me resten palabras.