cuarto de al lado

Fue un viaje escolar a Derbyshire de toda una semana. Estaba en séptimo, así que debí tener doce o trece años.

Nos hospedamos en un enorme y aislado hotel en el área rural, que era famoso por el fantasma de algún personaje histórico que en algún momento había pasado la noche ahí. Cerca de nueve personas de mi grupo, incluyéndome, fuimos seleccionados para ocupar el dormitorio de la planta más alta.

Era amplio y tenía cinco literas distribuídas contra las paredes. Gracias al lento de mi amigo, teminamos quedándonos con la última vacía, que se encontraba al ras de una vieja puerta. Estaba pintada del mismo color que la pared, así que no la hubiéramos notado, de no ser por la perilla que se asomaba más o menos a la altura de mi cama.

Bromeamos un rato con lo que pudiera haber del otro lado, comenzamos a llamarlo el cuarto del mal, el cuarto en donde este tipo importante había pasado la noche y al final, terminamos quejándonos de lo jodido que era acomodarnos así por ser estudiantes, mientras el maestro tenía un cuarto para él solo.

En la tercera noche (después de otro día haciendo resúmenes sobre la vida salvaje y otras pendejadas que no eran interesantes), cerca de la una de la mañana, después de que todo el mundo había dejado de hablar y se había dormido, el sonido de algo rompiéndose nos despertó. Sonó como un cristal enorme haciéndose pedazos, detrás de la puerta. Mi amigo y yo reaccionamos a esto cagándonos de miedo y no volviendo a dormir durante el resto de la noche.

Esperarás que este sea el momento en el que decidimos mover la cama para investigar ese ruido extraño, pero lo que en realidad ocurrió fue que todos en el dormitorio lo escuchamos y reaccionamos escondiéndonos bajo las cobijas, demasiado asustados para movernos, hasta que amaneció.

En el cuarto día, tuvimos algunas horas libres durante la tarde, nuestra curiosidad terminó envalentonándonos y confiando en la luz del día, movimos la litera para abrir la puerta. Era un cuarto con paredes blancas. Las paredes parecían estar cubiertas de grietas y en el rincón más lejano, apenas iluminado por el pequeño ojo de pez que representaba la única posiblidad de ventilación, un enorme pedazo de lona cubría alguna cosa, la lona estaba cubierta de lo que parecían manchas de óxido y polvo.

Daba la impresión de que alguien había tenido un ataque de ira ahí adentro, hace no mucho. El suelo estaba lleno de pedacitos de ladrillo y concreto; aunque ni el techo ni los muros tuvieran agujeros de donde aquello se hubiera desprendido, sólo grietas, largas, rectas, en un patrón ininterrumpido que se extendía en todas direcciones.

Completamente nerviosos, ninguno de nosotros logró entrar en la habitación por completo. Así que no averiguamos qué había debajo de la lona y no nos arrepentimos. El cuarto se sentía helado. Era verano y en el dormitorio habíamos tenido que abrir todas las ventanas, pero aquí parecía un congelador.
Se sentía mal mirar el cuarto, se sentía como un error. Todo el mundo estaba callado y temblando. Ni siquiera tuvimos que decir nada, cerramos la puerta y empujamos la litera a su lugar sin decir una palabra.

No hubo más golpes ni ruidos en esa noche, pero hubo varios mientras desayunábamos abajo, en el comedor; algunas veces mientras alguien subía las escaleras al segundo piso. Cuando el viaje terminó los maestros bromearon acerca de cómo ninguno de nosotros vio o escuchó nada en el cuarto donde asustaban. Supongo que habían confundido nuestro dormitorio con el de al lado.

2 Comments

    1. Difícilmente ‘tonto’; en ocasiones las creepypastas son así; testimonios más o menos lineales en donde las conclusiones finales no siempre son asombrosas; la confusión de cuartos, por ejemplo.

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