diosa de la sangre I

 Vetado el derecho de conocer de primera mano el video, todo el mundo ha optado por conformarse con la adaptación que de él ha construido el bulo, la leyenda urbana o la plática de sobremesa; la descripción suele exagerar los acercamientos conferidos por la cámara hacia la mujer escondida detrás de la caja de una camioneta: que si su indumentaria es humilde, que si su piel es morena, que si el color de la ropa coincide con la de alguna figura religiosa y así el video es, finalmente, una revelación proveniente de allende el firmamento.

No es extraño que se profundice en la moral de los gatilleros, que, apostados cada cual en uno de los extremos de la calle, nunca cesan el fuego al advertir a la mujer cruzando delante de sus miras: los detalles siempre atendidos que coinciden en toda versión, se resumen a la secuencia de los impactos; quienes caen machacados por el plomo, son primero los hijos y de ellos, primero la niña de tres años, luego el de seis; el evento motriz, la razón de que la pequeña pieza de locura se haya vuelto viral, es también, siempre la misma: la mujer se arquea al recibir disparos sobre los costados, sobre los hombros, se inclina hacia adelante y hacia atrás y los disparos no césan.

La mujer no cae, la mujer no suelta a sus hijos que, ya para este momento, no son nada más que dos tristes cadáveres pendiendo de sus brazos. Entonces, la mujer adelanta uno de los pies, y luego el otro, y el otro: en la edición original, este es el momento en el que da inicio la música de fondo; Wonderwall, de the verve; la mujer sigue caminando. Clara la asociación entre música y video, que también revela el fúnebre humor negro de su editor final; un comentario amarguísimo a los hechos, sobre el que nadie parece estar listo para hacer escarnio.

La mujer sigue caminando por la avenida. Nadie, salvo el camarógrafo, apostado en lo que parece ser un balcón que da vista a la calle, sigue sus pasos. Al llegar a la esquina la mujer suelta a uno de los niños y se tropieza. Para ese entonces, sin el soporte adicional para asegurar la toma, el zoom in hace casi imposible mantener a la mujer en el cuadro. Sus ojos están abiertos y parece boquear. Algunas descripciones y comentarios posteriores a la exposición del video, tienden a interpretar el movimiento de su boca como palabras. Para este momento la toma se abre. Los tiros han dejado de sonar. No parece haber nadie más en la calle.

La mujer, a esta escala apenas una silueta, se pone de pie y camina hasta dar la vuelta a la esquina; el video termina.

La descripción disponible junto al video original en youtube fue guardada y reproducida posteriormente por una cantidad inexacta de usuarios: Las calles se llenan de charcos que la lluvia no aligera, los muros se llenan de plomo, las voces son todas un grito que no atina a terminar; es el alba de la sangre, el año del cerdo, carne flácida que cae del rostro de la urbe. Ella camina, ella no está muerta.  Todos caminamos.

Parece razonable pensar que todo estriba en la proclividad actual a la violencia en nuestras ciudades; que este no se trata de nada más que un efecto colateral de lo que ya está vigente de todas formas; la fallida guerra contra el narcotráfico de la administración anterior y sus lamentables consecuencias; un estado fallido al que ya nadie recurre para salvaguardar su integridad y el incremento sin precedentes de ejecuciones masivas, estallidos de bombas, linchamientos y tomas de ciudades. De cualquier forma, la violencia se ha vuelto la cotidianidad de la sociedad.

Así, el hecho de que los ciudadanos comenzaran a emular el acto representado en wonderwall no parece ser nada más que, en todo caso, una coincidencia o bien, el resultado de un condicionamiento, vehementemente programado en el subconsciente y activado al momento en el que una situación similar los lleva a un estado de shock.  No deja de ser subrayable el momento en el que algunos dirigentes y figuras públicas intentaron utilizar la tragedia como un estandarte para su postura; el enorme daño que ya esta situación hacía sobre la sociedad, la locura irreparable que estaba provocando y luego, el silencio.

No existe una cura, no existe una forma de prevenirlo. Si es el rumor de donde ha surgido y el rumor al que debemos usar como fuente principal, entonces la suposición de que todos estamos expuestos a morir caminando con suma tranquilidad hacia la próxima balacera que interrumpa nuestras actividades diarias es un hecho inevitable. No podemos evitar el clima de violencia, ni nuestros propios impulsos (ya sea condicionada por nuestros propios medios o surgida de algún otro factor); al menos así parecen señalarlo las últimas cifras oficiales arrojadas por la comisión de investigación oficial.

Pero dejemos por un momento el sonajero de ejemplos. Ya los propios medios se han encargado de mantener vigentes cada uno de los casos: El de la escuela pública en Saltillo, Los dos casinos, los cinco centros comerciales, el de la frontera en Ciudad Juárez y el del zócalo en la ciudad de México; hay preguntas mucho peores, que normalmente no alcanzan un micrófono o un altavoz adecuado, como por ejemplo, ¿dónde se grabó el video original?

Ante el cuestionamiento, los representantes de todas las dependencias de seguridad arquean las cejas. Estamos trabajando en ello, dicen. Aparentemente ocurrió en un municipio de algún estado en el norte, dicen algunos; Guerrero, dicen otros y no, no existen registros de una balacera que haya dado cuenta de dos niños y una mujer a media calle; ni en este año, ni en años anteriores; tras varios intentos y especialistas involucrados, no se ha podido identificar a la víctima o sobreviviente (mera suposición) del siniestro.

Así, llegamos a una de las conjeturas que aún siguen haciéndose eco en los medios electrónicos: ¿qué está diciendo la mujer, cuando cae y mueve los labios? hay quien asegura de que está repitiendo una fecha, próxima.

4 Comments

  1. Wonderwall es un nombre bien creepy para un video de un tiroteo. En el post de Facebook sale otro texto, que dice: ‘Las calles se llenan de charcos que la lluvia no aligera…’ dónde está? Mr. Corpse, you did it again!

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