diosa de la sangre I

El número de manifestaciones públicas, las víctimas reportadas, el franco amarillismo histérico de los medios y la postura que el gobierno reveló en su último comunicado sobre el asunto, finalmente lograron opacar la que aún es la pregunta más elemental al respecto de la idea, la tendencia, o como se le ha llamado desde el comienzo, en honor a toda practicidad de registros finalmente brutales: el síndrome wonderwall. Por supuesto, la ignorancia, como las sombras que restan en los rincones de un cuarto iluminado, es engañosa: nadie ignora la existencia del video, aunque pocos pueden comprobar haberlo visto.

Tras lo que algunos especialistas han quedado de acuerdo en llamar la primer fase de exposición, hace apenas unos seis meses, los principales sitios de distribución de video en línea optaron por implementar un algoritmo único para vetar el video; a poco, servicios de hosting y la mayor parte de las empresas de telecomunicación se encontraba emulando la decisión que youtube, dailymotion, vimeo, google y msn tomaran con la finalidad de deslindarse de las responsabilidades a terceros; “se deja de hablar de libertad de expresión en el momento en que esa libertad provoca un daño irreparable en la sociedad civil”, terminó declarando, escuetamente, Gates a principios de este año.

La razón de su difusión fue simple, al menos en un principio: Encima del apoyo involuntario que internet ha terminado resultando para actividades tan diversas y nocivas como lo son la pornografía infantil, la venta de narcóticos y el extremismo religioso, nadie llegó a pensar que un video tan aparentemente inofensivo como resulta ser, al menos en su descripción, “wonderwall”, terminara siendo el vehículo para una epidemia de rasgos tan singulares: ¿quién podría, a fin de cuentas, desconfiar de la inspiradora imagen de una madre que, llevando de la mano a los que parecen ser sus hijos, hace frente a una balacera entre dos cárteles, en plena vía pública?

Para cuando emergieron los primeros síntomas, ya era muy tarde: el video se había extendido a la mayor parte de los usuarios activos, el conteo de reproducción llegaba al millón. Antes de wonderwall, la sociedad había caído en un acuerdo tácito sobre el manejo de escenas, representaciones e información capaz de dañar a un espectador sin suficientes criterios de interpretación —escribió Luz María Garay Cruz en un pequeño artículo publicado para la revista digital universitaria de la UNAM: “Wonderwall: El indulto a la violencia en la sociedad contemporánea”:

Pero esto es ambiguo: las sociedades condenan, lo mismo que justifican toda representación de la violencia que ocurre en su interior: lamentamos los hechos trágicos; pero lo hacemos leyendo el periódico que compramos para reconocerlos, sentados con toda tranquilidad en nuestra sala, miramos el material audiovisual que un noticiero consiguió de una masacre o, dado el caso, admiramos la supuesta valentía de una mujer anónima que, nublada por una histeria espantosa, decidió caminar por en medio de una lluvia de balas, llevando a sus hijos de la mano.

4 Comments

  1. Wonderwall es un nombre bien creepy para un video de un tiroteo. En el post de Facebook sale otro texto, que dice: ‘Las calles se llenan de charcos que la lluvia no aligera…’ dónde está? Mr. Corpse, you did it again!

    Responder

FAVOR DE NO DEJAR NINGÚN COMENTARIO, GRACIAS