Vox y el rey Beau

¿qué harías si descubrieras que Beau es real?

No tengo idea. Creo que ese es el motivo por el que me he acostumbrado a venir aquí y charlar con ustedes. Estoy por completo dispuesta a creer que me estoy volviendo loca o tengo un tumor en el cerebro. Fui criada por un médico, tengo fe en la medicina moderna y la ciencia.

Por otro lado, sé lo que vi la otra noche. Ese hombre en mi cuarto estaba ahí, el sonido del suspiro estaba ahí, afuera de mi cabeza, nada imaginario. Además, mi mamá me vio moverme como una araña por su cuarto cuando era niña y algo le pasó a mi gato. Tal vez así sea como la gente loca se siente. Pero si esto es real, de verdad, no tengo ni la menor idea de lo que debería de hacerse.

Lo siento, acabo de colgar con un amigo. Es el mismo que vino el otro día y me ayudó a revisar que no hubiera nadie en mi casa. Al parecer acaba de sufrir uno de esos casos de “parálisis de sueño”. Abrió sus ojos y creyó estar escuchando voces en su habitación. Como en esta clase de casos, no podía moverse y una figura oscura lo estaba observando desde los pies de su cama. No sabe cuanto tiempo duró, la figura se desvaneció y él despertó y pudo moverse de nuevo.

No le he contado todo, sólo sabe que creí ver a alguien en mi casa la otra noche. Está asustado por que nunca ha experimentado una parálisis de sueño antes, así que probablemente vendrá de visita para calmarse. A estas alturas estoy tan cansada de estar sola que probablemente le contaré todo.

  §jeep, jeep

La puerta de Bernhard

 

191027A

 

La puerta de Bernhard (condición del sueño)

Los investigadores responsables de analizar los datos recolectados creen que todos, en algún momento, han experimentado La puerta de Bernhard.

32% de los sujetos entrevistados [de una batería de 1,300 individuos] reportan haber experimentado [una vez o más] sueños durante los últimos 5 años donde había una puerta. 16% recuerdan la puerta en alguno de sus sueños de la infancia, al menos a diez años de distancia de la entrevista. Un 19% adicional son capaces de recordar el sueño únicamente bajo la inducción de un estado de hipnosis.

67% en la batería de pruebas, han experimentado el fenómeno.

 

Descripción:

En la mayor parte de los casos, el sueño comienza en el hogar o casa que el sujeto habitó durante su niñez. En el sueño, el sujeto se encuentra solo, vagando por la casa [en algunos casos, en busca de alguna cosa]. La puerta es descubierta en un lugar oculto e inaccesible, comúnmente detrás de una pieza grande y pesada de mobiliario [un librero, una estantería]. El sujeto siente una fuerte sensación de Dejà Vu; como si siempre hubieran sabido que esa puerta existía, pero lo hubieran olvidado a través de los años. Adicionalmente, suelen sentir que casi recuerdan lo que hay adentro.

El sujeto es tentado a mover los obstáculos y entrar. La puerta por sí misma es casi siempre pesada y difícil de abrir [en algunos casos requiere de una llave, que ocurre que el sujeto, sin explicaciones, tiene]. Una vez abierta, la puerta da paso a una larga escalera que sube [aunque en un mínimo porcentaje, baja] a un nivel no visible desde el inicio del ascenso; un sentimiento de nerviosismo y miedo irracional comienza a crecer en el sujeto mientras sube los peldaños.

Los datos se vuelven inconsistentes a partir de este punto, las descripciones tienen amplias variaciones. Un escenario en particular cuenta con cierta frecuencia digna de análisis [alrededor del 27% de los casos]: el sujeto llega a un cuarto al final de la escalera. Aquí se encuentran con un juguete viejo, una pintura o una fotografía que parecen recordar vagamente de su niñez. Conforme el sujeto se acerca al objeto, este adquiere vida. El sujeto percibe que el objeto es “malo” y quiere lastimarlo o realizar un acto de hostilidad deliberado contra él. Los reportes varían en los sucesos subsecuentes, con algunos de los sujetos siendo “matados” por el objeto, mientras otros consiguen huir en una persecución angustiante.

§knock… knock… knock…

Vox y el Rey Beau

De lo que mamá recuerda y porqué creo que terminé llorando una noche

Cuando le conte a mi mamá sobre Beau, se puso muy seria. Normalmente, mi mamá es tan radiante como un girasol, hornearía brownies para el mundo, si la cocina no terminara en llamas cada vez que toca un trasto; he crecido creyendo que es imposible sugestionarla. Es una doctora brillante y tal vez la única excepción a las reglas de racionalidad bajo las que me hizo crecer, sea que también es muy religiosa. De verdad que no le gusta hablar de temas oscuros.

Para el tiempo que cumplí siete, ya se había acostumbrado a escuchar sobre Beau, pero ella sola no era capaz de tener una opinión concreta sobre él. Todos los libros y pediatras le aseguraban que era normal, incluso si Beau resultaba un tanto sombrío. Fuera del asunto, yo era una niña feliz y sana que socializaba sin problemas con otros niños (reales), a la que le gustaba el color rosa y los ponis y si Beau me estaba ayudando con miedos y pensamientos complejos, tal vez estaba bien. Nunca le conté algunas de las historias; la del monstruo del closet, por ejemplo. Incluso entonces me recuerdo razonando que no reaccionaría bien.

Con mi hermano bastante mayor y por lo tanto “demasiado cool” para jugar conmigo, normalmente me quedaba a mis anchas, para inventar mis propios juegos y fantasías. Beau siempre lo protagonizaba todo. Si ocurría que no andaba por ahí, entonces pretendía ser él, peleando con monstruos terribles y andando a la aventura. Si estaba conmigo, entonces mi mamá me encontraba sola en mi cuarto, hablando con alguien que no estaba ahí, terminándome las crayolas azules y negras en dibujos un poco extraños. Cuando crecí, comencé a jugar otro tipo de juego.

Un día mi mamá me encontró arrastrándome por el suelo de la casa cubierta con una cobija. Le dije que estaba aprendiendo a ser un cazador, como Beau. No lo pensó mucho en ese momento, pero mi entrenamiento terminó por volverse un poco molesto cuando me volví una especie de ladrona y mi mamá comenzó a notar que algunas cosas aparecían en mi cuarto y a veces, mi cuarto tenía cosas que ni yo ni ella sabíamos de dónde habían salido. Por supuesto, en esos casos siempre le echaría la culpa a Beau; así fue que terminó por pedirme que le informara a “ese Beau” que no toleraría ese jueguito y que deberíamos encontrar otro.

Esto probablemente tiene más qué ver conmigo que con cualquier cosa paranormal. Era tan traviesa como cualquier otro niño desatendido y la verdad es que quién sabe cuantas cosas me robé. Después de que me amenazó con dejarme sin postres, no dejé de hacerlo y cuando lo dejé, de verdad Beau y yo habíamos cambiado de juego, pero había comenzado a caminar dormida.

En la mañana mi mamá me encontraría en lugares extraños. Comenzó con poco, despertando en el suelo de mi cuarto o en el sofá de la sala. De nuevo, sus fuentes le aseguraron que esto era por completo normal, pero las cosas comenzaron a empeorar. Comenzó a encontrarme en lugares a los que no hubiera podido llegar sola o lugares en donde hubiera tenido qué escucharme entrar: las alacenas de la cocina, el baño del cuarto para invitados, el escritorio de mi hermano… y por cierto que mi hermano siempre ha tenido el sueño muy ligero; así que habría tenido que escucharme entrar y subirme ahí. La alacena habría tenido que ser imposible de alcanzar con mi estatura, y una vez que me encontró, sacarme implicó sacar la mayor parte de las latas y las cosas detrás de las que me encontraba.

§listos o no…

otrto

Estás despierto ahora y puedes mirar el techo y las sabanas y una de tus manos. Pones los pies en el suelo y cuando andas hacia el baño e intentas detenerte en el espejo antes de orinar, te das cuenta: no eres tú quien está moviendo tu cuerpo. El horror de descubrir algo así te invade de golpe y quieres gritar, pero tus labios no se mueven, no hay nada malo con ellos, están bien, sólo que no puedes controlarlos. Es una parte de ti. Esto es una parte de ti que está controlando las cosas por ti y que piensa aparte de ti, una parte de tu mente. Otro. Y de pronto sospechas, cuando por fin te detienes delante del baño y tu rostro sonríe mientras miras directo a tus ojos, que de hecho, está contento con esto. No puedes hacer nada. No puedes decir nada. Estás atrapado. El otro besa a tu esposa y puedes sentir sus labios presionando contra los tuyos y una de tus manos bajando lentamente por debajo de la cintura. Ardes de rabia. El otro asume el control de tu vida, sabe manejar, sabe asistir a las juntas, sabe servir café y sabe coquetear con tu compañera del trabajo. El día pasa y el otro se acuesta en tu cama y tu imploras que esto sea sólo un sueño y puedas despertar mañana moviendo tu propio cuerpo y esto solamente sea una pesadilla, pero al día siguiente las cosas continúan igual. Ahora sólo puedes observar tu día a día y a veces, a veces cuando el otro decide darte un vistazo, sólo para asegurarse de que sigues ahí, las cenizas de la impotencia y el odio que sentiste por él aparecen ahí de nuevo, apenas para recordarte que tú sigues siendo tú y él es otro. Cuando los días se vuelven semanas comienzas a entender el plan. Te dice cosas delante del espejo. Cosas como: yo soy tú, deberías entenderlo de una vez. Te está intentando convencer de que él es en realidad tú y tú eres un pensamiento pasajero, una duda tonta, absurda, una cosa que debería evaporarse luego de que pasa el sueño, pero tú sabes la verdad: quién es el intruso, el invasor, el otro. Esto no puede tratarse de nada más que una ansiedad absurda e ilógica, nadie puede perder el control de su cuerpo, no existe otro aquí adentro, este soy yo, dice el otro y tú te das cuenta de que comienzas a desear que sea así, que sería mejor, que así todo esto tan horrible no estaría pasandote, que tal vez tenga razón. Una sensación vaga de ansiedad que va y viene: que este no eres tú y que tú en realidad eres otro, pero por favor, eso es ilógico. Meses después, sientes un pequeño temblor en la mano de vez en cuando y piensas, antes de sonreír, que eso es todo lo que queda de él, del otro, del intruso.

Beth

Yo era un escéptico armado con mi poderosa inteligencia y mi gusto por lo paranormal. Jamás me tragué nada, por supuesto; pero pensaba que el mundo sería mucho más interesante si alguna de las cosas que había leído fueran verdad, o al menos tuvieran algo de real. Qué bendición, vivir en las orillas de un océano tan profundo.

Algunas veces, delante del monitor de mi computadora, murmuraba una suerte de rezo, una súplica, mientras seguía los rastros en este laberinto electrónico que todos compartimos; no una súplica a alguna deidad en específico, sino más bien al universo mismo: “Vamos, esta vez, sólo esta vez”, susurraba mientras daba clic al siguiente vínculo, leía el siguiente cuento, vaciaba mi atención sobre la última “evidencia”. “Esta vez tiene que ser real”.

Los años me volvieron un cínico localizable en esas discusiones espontáneas y foros en línea dedicados a lo paranormal, jugando al abogado del diablo: en aquél pleito me ponía un gorro de aluminio para confundir a los aliens, en este otro me dedicaba a contradecirlos a todos; por allá, me convertí en el que nunca cree nada y desea siempre tener la razón, ese al que todo el mundo quiere darle una lección; mis esperanzas iniciales, de descubrir una prueba infalible fueron desgastándose delante de una única verdad: la gente miente.

Miente para tener atención, miente para conseguir algo, miente para sentirse inteligente; lo hace igual para animar, que para herir. En medio de todas aquellas mentiras, no pude sino abandonar las esperanzas. En su lugar, me contenté con exponer los fraudes que me rodeaban: los cómo, los cuándo, los quién. Me volví un escéptico cáustico y odiable y amé cada segundo de eso, porque sentía que me daba una función.

Hace dos meses mi súplica fue escuchada.

Discutía con alguien en youtube, sobre magia. Me reí de su poca capacidad de redacción y su típica tendencia a insultarme a mí en vez de enfocarse en los hechos y darme una prueba irrefutable. En su favor, de verdad me advirtió, pero en el momento no me pareció más relevante que el típico golpe de pecho, la última patada de ahogado para intentar silenciar al cínico antes de una retirada inevitable. No quise dejarlo ir; me estaba divirtiendo mucho con sus tripas. Entonces escribió esto:

«a lmierda quiere pruebas te dare pruebasdondete las mndo puto»

Divertidísimo, todavía, le dije que el correo electrónico asociado a mi cuenta bastaría.

«noms recuerda que tú piediste sto»

Nunca recibí un email, pero creo que mi invitación abierta le había sido suficiente, para “engancharse” a mí de algún modo. No pretenderé entender cómo fue que funcionó; sólo sé que lo hizo. Esa noche, después de darme un baño, revisé mi correo una última vez, sin encontrar nada y me fui a la cama envuelto en una cobija de orgullo.

Tres horas después, un grito me despertó.

Salté de la cama, el corazón se me salía por la garganta. Localicé los gritos en alguna parte, atrás de mi casa. Me asomé por la ventana. En la orilla de mi terreno, donde mi patio da con el bosque, pude ver el cuerpo de una mujer acostada boca abajo, en el césped. Tomé el teléfono, marqué a emergencias y bajé las escaleras para salir de la casa. Me di cuenta de que aún no escuchaba un solo tono de mi teléfono. Lo quité de mi oreja: el aparato no tenía recepción. A la mierda, me recuerdo pensando, llamaré del teléfono de casa después de verla. Atravesé mi patio.

Mi corazón se hundió al verla de cerca. Su cuerpo, desnudo, estaba cubierto de heridas: algunas eran viejas, otras se veían frescas, ríos escarlatas que nacían de profundos pozos perforados en su cuello y atravesaban su piel pálida; azotes abriendo surcos como relámpagos desde el cielo de un planeta ignoto; su cabello oscuro caía por su costado izquierdo como una cortina deshilachada y vieja, su mano se extendía, como en busca de piedad. Cuando me arrodillé para intentar ayudarla y ella elevó su cabeza hacia mí, reconocí el rostro de una muchacha que tenía diecisiete años muerta.

Beth Holden, la suicida de mi clase.

—Recuerda.

Se desvaneció delante de mí.

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Vox y el Rey Beau

Perdón, he vuelto. La radio ha dejado de sonar. Está encendida, está sintonizada en la estación, simplemente ha decidido no hacer ningún sonido. Increíble. Estaba tan asustada que he decidido tomar una de sus sugerencias, e intentar comunicarme; pero todo lo que logré decir fue “por favor para”.

Así que ahora tengo la televisión y cada luz del apartamento encendidas, ¿se les ocurre qué podría cantar?

§ ♪She´s a maniac, maniac ♪

Los muros

Llovía agua nieve y  eran las dos de la mañana. Tiré mis huesos en el asiento de un camión de transporte público, recién salido de la guardia. Estaba muy cansado para manejar mi viejo armatoste. Me senté hasta el fondo esperando dormir. Había un par de muchachos darkis sentados hasta adelante. Recargué la cabeza en el vidrio y cerré los ojos mientras el camión aceleraba.

—Pensé que te encontraría aquí.

Abrí los ojos pensando que me hablaban. Eran dos hombres, vagabundos típicos vestidos con harapos. El de barba se había sentado. El alto, de gabardina, seguía de pie. No los había visto al subir, ni al sentarme. Estaban a dos lugares de mí. Temía que me pidieran algo de cambio o se dirigieran a mí. Estaba a nada de cambiarme de lugar cuando volvieron a hablar.

—Es un buen lugar, todos suelen estar muy ocupados.

—Si nos oyeran nos ignorarían —Gabardina se sentó junto a su interlocutor, —debemos estar locos, ¿recuerdas?

Ok. Me sentí muy intrigado, lo admito. Esto se veía con algo de potencial, al menos para pasar el tiempo. Así que cerré los ojos y simulé dormir mientras escuchaba con atención, esperando que nunca se dirigieran a mí. Este es mi mejor esfuerzo de recrear la conversación, de memoria (y créeme, he pensado en ella lo bastante):

§Escuchar de paso