Trinidad

Sólo un puño de personas supieron siempre que esta foto fue recortada antes de liberarse a la opinión pública y ahora todos están muertos.


El Retrato de la familia Stevenson

¿Quién dice que los fantasmas no tienen sentido del humor? Los Stevensons eran una familia rica de Boston, orgullosa de gozar con los privilegios de la industria de la ciudad y una longevidad absoluta. Este retrato, tomado en 1945, conmemora un esfuerzo por reunir a los Stevensons más viejos alrededor de la más joven. Emelia (al centro), de 102 años de edad, obtuvo entonces el título de “Matriarca”, mientras que la pequeña Ophelia, se convirtió en el niño insignia con apenas 18 meses.

Lo que los Stevensons no notaron hasta que la fotografía fuera revelada era que alguien, de entre los muertos, se había dado cita con ellos para celebrar ese día. James Pullman Stevenson (1835-1932), sentado a la izquierda, entre su nieta Ginny y su sobrino Alfred, fue fácilmente identificado por los allí presentes y recordado, principalmente, por su bondad y su humor pesado y un tanto negro.


Los ojos de Lily Palmer

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Lily Palmer no había llegado a los 4 años de edad cuando sufrió lo que sus doctores llamarían un agudo principio de alucinación sensorial. Esta foto, tomada por la mamá de Lily, Annette, durante la noche de Halloween en 1952, captura el momento exacto en que comienza su padecimiento. Lily y su nana filipina habían estado dando dulces a los niños cuando la niña gritó de pronto y comenzó a arañarse los ojos.

Pasó algo de tiempo antes de que pudiera recuperar el habla y cuando lo hizo, Lily habló de “cosas caminándole por los ojos”. Varios días después, siendo dejada momentáneamente sola en su habitación, Lily se perfora los ojos con una aguja para tejer de su madre.

Fue diagnosticada e internada, permaneciendo así durante el resto de su vida, primero en Bellevue (en el Este de Manhattan) y luego en el centro psiquiátrico Rockland, en Orangeburg; donde fallecería de un ataque cardíaco en Marzo de 2001. Una llamada a los cuidadores de Lily confirmó que sus episodios eran mucho más intensos durante las noches de Halloween, pero por la mayor parte de su vida, pudo ser escuchada rogando al equipo del sanatorio para que la ayudaran a “quitarse estas cosas de los ojos”.


El destino de Sally York

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El triturado accidental de la pequeña Sally York, en 1912 en el telar de algodón de la fábrica textil de North Fork fue uno de tantos accidentes ejemplares con los que los legisladores se ayudaron para empujar el acta Keating-Owen de 1916, la primera en garantizar leyes para los trabajadores menores de edad en la historia americana.

Desde el tiempo del accidente hasta que la fábrica cerrara cuatro décadas después, los trabajadores insistieron en encontrar súbitos cambios de temperatura, ruidos extraños y golpecitos sin explicación en el hombro cuando nadie estaba cerca.

Los capataces de la fábrica nunca tomaron en serio estas quejas hasta que esta fotografía salió a la luz púbica en 1932.

Fue tomada por un fotógrafo viajante llamado Benny Johnson, que de inmediato la vendió a la Gaceta de North Fork por un monto sin precedentes de diez dólares. El molino había cerrado para las fiestas decembrinas y estaba vacía al momento y fue posteriormente la culpable del cierre del molino aunque La gran depresión hubiera podido tener mayor peso en el hecho.


09_07_10

laptop-mail

Hace un par de meses comencé a asistir a la Universidad Estatal de Chico. Tenía casi todo lo que necesitaba para mi primer año como universitario, excepto una laptop. Soy algo tacaño con el dinero; sobre todo en casos en los que siento que puedo reducir algún costo y este era uno de esos casos.

Exploré la web en busca de alguna buena oferta y descubrí que ninguno se ajustaba a mi frugalidad. Las clases comenzaban en dos semanas y comenzaba a desesperarme, cuando vi un anuncio en el periódico, ofreciendo una laptop a unos seiscientos dólares; el lugar no estaba muy lejos de dónde vivía, era un modelo Dell no demasiado viejo, además; habrían podido darla por más.

Fui al domicilio del vendedor el siguiente día. La casa estaba algo lejos de la ciudad y cerca del bosque, afuera, había una vieja Chevrolet y un tiradero de antiguas señales de tránsito y demás fierros. Toqué el timbre y un hombre delgado, en una chaqueta de franela salió a atenderme. Al escucharme mencionar la laptop noté cierto alivio en su rostro; me dijo que estaba listo para venderla de inmediato, lo repitió una vez más, y luego una vez más (estaba intentando disminuir el precio aún más). Había llevado el dinero conmigo y esa misma tarde regresé a la casa con una nueva computadora.

En casa, emocionado por haber comprado mi primer computadora con mi propio dinero, la encendí y comencé a instalarle los programas y aplicaciones que solía usar. Sólo por curiosidad, revisé los archivos del disco duro y encontré una carpeta escondida; el hombre me aseguró que el disco duro estaba formateado, pero así es esto; mucha gente ni siquiera entiende que significa realmente “formatear”.

El fólder se llamaba “09_07_10”, una fecha. Contenía seis videos y tres imágenes. La curiosidad pudo más que yo y decidí cargar los videos al reproductor para verlos.

El primer video (001) había sido grabado con una handycam y una mano con muy poco pulso, desde el interior de un carro; seguía a una mujer saliendo de un bar y subiéndose a un carro, de noche. Después de un par de segundos, la mujer arrancó y casi de inmediato, la persona grabando comenzó a seguirla. El video duraba veinticuatro segundos; me dejó con la impresión de que “el acosador” (por llamarlo de algún modo), había estado esperando a la mujer por bastante tiempo.

No me alarmé mucho en el momento, tal vez simplemente me sentí incómodo. 002 comenzaba con la cámara encima del tablero del carro, apuntando por el parabrisas. Llovía. Asumí que no habría pasado mucho tiempo entre un archivo y otro. En la autopista, pude reconocer el carro al que la mujer se había subido, dos carros adelante de la posición del acosador. El archivo duraba cuarenta y siete segundos. Comencé a sentirme algo nervioso, comenzaba a suponer que esto no podía terminar bien; pero quería ver en donde terminaba.

003 comenzaba con el mismo pulso tembloroso de 001; fuera del carro, llueve a cántaros y la cámara sigue lo que apenas alcanza a distinguirse como una silueta abrigada con una gabardina larga y una sombrilla, caminando hacia la entrada de una casa. Creí reconocer a la mujer entrando a la casa y cerrando la puerta detrás de sí.

Luego, no ocurrió nada. La inmovilidad (ni siquiera es posible escuchar la respiración del acosador) logró incomodarme; tal vez porque continuaba pensando, una y otra vez, en el objetivo de lo que estaba viendo. Durante unos dos minutos de tensión, apenas acompañados por el ruido de la lluvia golpeando el toldo del carro, las luces de la casa se apagan. La cámara se coloca en el tablero de nuevo y se escucha abrir y cerrar la puerta del piloto. Una nueva silueta aparece cruzando el cuadro, esta vez con una parca que le cubre la cabeza y camina hacia la casa. Verla ahí hizo aparecer un nudo en mi estómago que comenzó a apretarse, mientras el extraño rodeaba la propiedad y desaparecía camino a la parte de atrás. Quien fuera que se tratara, en definitiva no debía de estar ahí.