Barbie.avi

I

Hola. Esto me pasó hace algunos meses. Necesito contárselo a alguien.

Todo comenzó en la fiesta de un amigo. Él es un artista que tiene rentado un departamento en el parque industrial de la ciudad. Si sabes cómo se veía Detroit en 1920, sabes cómo se ve este lugar: un racimo de fábricas de hace más de un siglo que se abre paso a lo largo de unas diez cuadras. La mayoría están abandonadas.

Se me pasaron un poco las copas y me quedé dormido en uno de los sillones. Desperté alrededor de las 4 de la mañana, el sol aún no había salido pero las cosas ya se podían ver con la leve luz de esa hora. Anduve al baño caminando de puntitas, entre los huecos que otras personas repartidas por el suelo dejaban entre si. Mientras orinaba me asomé por la ventana del baño y me encontré con un paisaje desierto. Recuerdo cuanto solían gustarme los lugares así, sombríos y poblados de pistas sobre lo que alguna vez fueron; como detenidos a un momento de ser devorados por el tiempo.

»Reproducir

Prisiones

En la casa a la que nos mudamos existía una puerta enorme y metálica en el sótano, escondida en el rincón más lejano. El casero nos contó que el propietario anterior la había dejado ahí, sin añadir ninguna llave para ella en el juego que le entregó cuando se la vendió. Había intentado abrirla, claro, pero ni siquiera un cerrajero profesional o un soplete habían logrado nada. El precio de la renta nos hizo ignorar el detalle como un asunto menor en favor de todo el espacio con el que contábamos; el espacio que pudiera tener del otro lado era, a fin de cuentas, algo que no necesitábamos.

Apenas algunas semanas después de que nos mudamos comenzamos a tener algunos problemas. Cosas comenzaron a perderse, a veces cambiando de lugar sin que nadie recordara haberlas movido y cosas desapareciendo por completo. Mi hermana menor juraba escuchar pasos en las escaleras del sótano a media noche y este mismo solía ponerse de verdad helado. Lo peor fue cuando todos comenzamos a ver sombras y a escuchar los rasguños. Un día yo mismo pude ver una sombra, flotando por el pasillo, saliendo de mi cuarto.

Las visiones comenzaron a incrementarse. Mi familia se las arregló para ignorarlas, pero yo, con un poco más de curiosidad que de miedo, comencé a seguirlas; envalentonándome cada vez más hacia el lugar en el que siempre desaparecían. Una noche llegué hasta la puerta del sótano, la siguiente a las escaleras y finalmente, una noche, hasta el rincón más lejano ahí abajo. Incluso siendo una noche de verano el lugar estaba ridículamente helado, lo suficiente como para que pudiera mirar mi propio aliento salir de mi boca.

»knock

Evolución artística

El alejamiento progresivo de la realidad hacia una fantasía desbordante se encuentra claramente trazado en esta extraordinaria serie de pinturas realizadas por el artista de principios del siglo XX, Louis Wain. Durante veinte años, Wain pintó retratos caricaturizados y realistas de gatos que captaron la atención del público londinense; su inmensa popularidad lo llevó a ilustrar calendarios, álbums y postales. Pasó la mayor parte de su vida viviendo en reclusión, junto a tres hermanas solteronas y diecisiete gatos.

A los 57 años, los atisbos de la psicósis que luego dominaría su vida comenzaron a emerger, tanto en su vida personal como en su obra; convencido de que sus enemigos eran capaces de influir en su mente por medio de impulsos eléctricos, sus retratos adquirieron un tono ominoso.

»Qué tan mal

Globo

Cuando tenía cinco años fui a un kínder que, desde lo que puedo recordar, estaba enfocado en la importancia del aprendizaje a través de la experiencia. Era parte de una iniciativa basada en el ritmo propio de aprendizaje de los niños; tal vez para facilitar esto era que la dirección permitía que los maestros crearan programas de trabajo muy inventivos. Cada maestro se enfocaba en cierta área de especialidad y formaba grupos que duraban durante todo el año, en la dirección de su área de conocimientos. Los grupos tenían nombres: había un grupo espacial, un grupo marino, un grupo terrestre; yo estaba en el social.

En este país, durante el kínder, aprendes tanto como amarrarte bien los zapatos y compartir cosas, no hay mucho más que recordar. Recuerdo un par, muy claramente: que fui el primero en aprender a escribir correctamente mi nombre y el proyecto del globo; la piedra angular del grupo social, que pretendía describir en un nivel muy simplificado, cómo es que funciona una comunidad.

Probablemente has escuchado de esta actividad. En un viernes (recuerdo claramente que era un viernes, porque había estado emocionado por el fin del proyecto durante toda la semana), hacia comienzos del año, entramos una mañana al salón para encontrar un globo flotando y unido a nuestro pupitre con cinta adhesiva. En cada uno de nuestros pupitres, había un plumón, una pluma, una hoja de papel y un sobre de carta. El proyecto consistía en escribir una nota, meterla dentro del sobre y pegarla al globo, en el que podríamos dibujar algo con el plumón, si queríamos. La mayoría de los niños comenzaron a pelear por los globos, porque querían un color distinto, pero yo fui directamente a escribir mi nota, porque era en lo que había estado pensando.

Todas las notas debían seguir una estructura básica y flexible dentro de cuyos márgenes se nos permitía ser creativos. Mi nota decía algo así:

¡Hola, encontraste mi globo!, Mi nombre es [mi nombre], y voy al kínder [nombre del kínder]. Te regalo mi globo, pero me gustaría que contestaras mi carta, me gusta Bob Esponja, explorar, construir fuertes, nadar y estar con mis amigos. ¿A ti qué te gusta? Ojalá me escribas pronto. Te dejo un dólar para el correo.

En el dólar escribí, a lo largo PARA LAS ESTAMPILLAS, lo que mi mamá me dijo que no era necesario, pero yo creí que sería un detalle genial.

»Mantener correspondencia

Sello de aire

Cuando el juego comienza, estás solo en un refugio, tachas otro día en el calendario y comienzas a revisar tus cosas; estás preparando tus cosas para salir al pueblo más cercano. Subes los cierres del traje y sellas la máscara. La luz verde en tu medidor de oxigeno te avisa que cuentas con suficiente para sobrevivir afuera. El mundo se detuvo cuando el aire comenzó a terminarse. Una inmensa mayoría ni siquiera tuvo tiempo de enterarse de lo que estaba ocurriendo, hasta que fue muy tarde. No era como la humanidad misma se lo había imaginado: rápido y sin las explosiones y las masas de gentes alteradas corriendo por las calles a las que nuestras películas nos tenían acostumbrados; nadie hubiera imaginado un apocalipsis más silencioso. La gente simplemente se desmayó justo donde estaba; no hubo tiempo para evacuar —¿y a dónde evacuar? Los sobrevivientes fueron aquellos que habían planeado con antelación, que se habían preparado para lo imposible; su herencia fue un mundo solitario y muerto; con mucho tiempo para pensar y reflexionar.

No hubo destrucción en las grandes urbes; así que cuentas con un enorme territorio para explorar y buscar tesoros, sin quitarle la vista de encima al medidor, por supuesto; el medidor está en tu ropa, no hay ninguna interfase extra, así que tienes que mirar hacia abajo para verlo; si llegas a olvidarte de él, estarás frito en menos de lo que te imaginas, a menos que puedas encontrar aire de algún modo. Tu campo natural de exploración está conformado por vecindarios abandonados, patios de escuela, edificios departamentales y rascacielos. La falta de aire ha preservado a los billones de cuerpos, convirtiendo al planeta en un mausoleo de cuerpos secos llenando las calles y los edificios.

Tu único contacto y garantía de que alguien más ha sobrevivido, es una voz, lejana, que tiende a responder por un radio de onda corta. No conoces su idioma, y no conoce el tuyo; pero han pasado años así, hablándose sin entenderse, intentando llegar a algún acuerdo al respecto de alguna palabra de la cual partir; ha sido imposible. Un día, tu contacto deja de responder a la frecuencia en la que la encuentras; la decisión es libre: intentar, con tus limitados recursos, llegar hasta donde crees que se encuentra, o permanecer aquí, escuchándote respirar en la vasta tumba de la humanidad.

El arte de Jacob Emory

¿Fantasmas?, nah, muchacho, no hay historias de fantasmas en este pueblo. La única historia que contamos, con ese corte, es la historia de Jacob. ¿De verdad quieres escucharla? bueno, no es una historia verdaderamente interesante, creo, y además, se supone que nadie debería de hablar de eso, pero de acuerdo; sólo te advierto que no tengo paciencia para las interrupciones, y que no conozco todos los detalles.

Ahora bien, veamos… cómo describir a Jacob Emory… se trataba de la clase de tipo que jamás notarías de un primer vistazo; no que fuera una mala persona, de ningún modo, de hecho muchos por aquí creíamos que se trataba de alguien bastante confiable, pero en realidad nunca llegó a destacar por motivo alguno. Era el ejemplo perfecto de abarcar mucho y dominar nada. Falta de fuerza de voluntad, más que otra cosa.

Llegó a aceptar cada empleo y oficio que este pueblo podía ofrecerle: venta de carros usados, operador de radio, encargado de bodegas y empleado de mostrador; lo que se te ocurra, pero nunca se quedó en algún lugar por demasiado tiempo. Sus empleadores, incluso los amigos que llegó a hacer en esos trabajos llegaron a insistir para que no renunciara, pero siempre recibieron la misma respuesta: “el problema es que no es suficiente”, no haría falta agregar que los amigos que logró conservar debían de tener una paciencia enorme, o al menos ser capaces de no abordar el tema de manera seria.

Fue así que terminó siendo inevitable que, en algún momento, Jacob decidiera dejar el pueblo. No recuerdo a dónde se fue, pero creo que Gertrude, la vieja que vivía una cuadra más abajo lo hubiera recordado. El caso es que nadie intentó detenerlo. De hecho, muchos llegamos a pensar que el kilometraje le haría bien, que terminaría dándole carácter, o que al menos lo arrastraría a algún sitio, una ciudad, en donde ese problema no resultara tan grave. Carajo, incluso le hicimos una fiesta de despedida, que de verdad es un detalle muy inusual por aquí.

Total que se fue por… ¿seis, siete años?, algo así; y cuando volvió era otro. Se mostraba como una persona segura, firme y muy enérgica, sonreía todo el tiempo, y pronto todos nos enteramos del motivo. Andaba por el pueblo enseñándole a todo el mundo una varita de color negro, del tamaño de un lápiz y la textura de un gis. Muchos se llegaron a preguntar qué tenía que ver esa varita con su cambio de actitud, y después de crear cierta expectativa, Jacob reunió a algunos de nosotros y nos dio una demostración: Tomó una pieza de papel y con su varita -no se me ocurre cómo más llamarla-, con su varita él… él dibujó un círculo algo chueco.

§Dibujar

el cine

¿Alguna vez jugaste The Teather?, claro que no, apenas eras un bebé. Lo regalaban en las tiendas. En ocasiones venía emplayado a otro juego. Todo lo que la portada y la contraportada del empaque mostraban era al boletero. Alguien lo bautizó así, el boletero. Caucásico, calvo, labios grandes, chaleco rojo, camisa y pantalón de vestir. La calidad gráfica era horrorosa y aún así, muchos coincidimos en que su expresión más bien parecía la de un hombre ausente, la de un hombre soñando despierto. Éramos muy imaginativos.

Llegué a escuchar que romper el disco cambiaba ese vago trazo pixelado de ausencia, pero ni ahora ni entonces eso me sonó como algo más que una leyenda urbana; creo que eran tiempos distintos, mucho más inocentes. Aún así, el empaque no tenía nada escrito en los costados o los márgenes, ningún estudio de programación, ninguna empresa, ninguna firma, ni siquiera el típico símbolo de copyright acompañaban al boletero en esa mínima portada.

Lo que llegaba muy pronto a tu cabeza, mientras mirabas el empaque, lo abrías y extraías un disco sin ningún dibujo para introducirlo en el ordenador, era la sensación incuestionable de que te encontrabas delante de algo que no había sido terminado, que no estaba completo; uno de esos juegos piratas que emplean alguna tendencia para hacer algo de dinero, no recuerdo como los llaman… o bien, un prototipo que nunca estuvo destinado a ver la luz.

§Reach the other levels