Coldtom

su cara estaba partida con una marca en forma de fresa que contaba era una marca de nacimiento y que contrastaba con sus ojos, uno azul y uno verde


corazón de autoestopista

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Hay cierto tipo de autoestopista que sólo aparece durante la noche, en caminos silenciosos; salta casi a la existencia al ser rozados por la luz de los faros, sin letreros ni cartones, siempre con un rostro abatido; envueltos en capas de harapos, gruesos y sucios. Si levantas uno, será amable, pero no hablará mucho: el siguiente pueblo, la siguiente ciudad está bien, gracias; dirá, y se quedará ahí a un lado tuyo, tranquilo y normal, excepto si intentas matarlo.

Ofrecen poca, si no nada de resistencia. Bajo la ropa, las cicatrices bajo su piel forman patrones que despiertan cierta sensación de angustia, cierta sensación de temor. No tienen carteras. No tienen credenciales. Si abres su abdomen, son distintos a los hombres: no hay sangre, no hay músculos; sólo un hueco con un objeto en el centro. El objeto varía. Puede ser, por ejemplo, una moneda pesada, acuñada con símbolos que nadie reconocerá; un diamante, con lados y aristas afilados y capaces de cortarte un dedo en un solo movimiento; una pequeña vasija, irrompible, que huele como las olas del mar y está siempre húmeda.

Una vez que te haces de uno de estos objetos, tenderás a descubrirte más y más, manejando por la noche en caminos silenciosos. No querrás hacerlo y de algún modo, simplemente terminarás aquí. El ansia de tener uno más, te recorrerá el fondo de la mente, te empujará a bajar la velocidad en cada curva desierta hasta dar con una nueva silueta. Te intentarás decir que este es distinto, que este es normal; que sólo está de aventura o se ha quedado sin gasolina; escucharás, lejos, a la última parte de tu cerebro que ve lo que haces y te dirás que con este nuevo secreto, que con este nuevo prodigio bastará, será suficiente.


La puerta de Bernhard

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La puerta de Bernhard (condición del sueño)

Los investigadores responsables de analizar los datos recolectados creen que todos, en algún momento, han experimentado La puerta de Bernhard.

32% de los sujetos entrevistados [de una batería de 1,300 individuos] reportan haber experimentado [una vez o más] sueños durante los últimos 5 años donde había una puerta. 16% recuerdan la puerta en alguno de sus sueños de la infancia, al menos a diez años de distancia de la entrevista. Un 19% adicional son capaces de recordar el sueño únicamente bajo la inducción de un estado de hipnosis.

67% en la batería de pruebas, han experimentado el fenómeno.

Descripción:

En la mayor parte de los casos, el sueño comienza en el hogar o casa que el sujeto habitó durante su niñez. En el sueño, el sujeto se encuentra solo, vagando por la casa [en algunos casos, en busca de alguna cosa]. La puerta es descubierta en un lugar oculto e inaccesible, comúnmente detrás de una pieza grande y pesada de mobiliario [un librero, una estantería]. El sujeto siente una fuerte sensación de Dejà Vu; como si siempre hubieran sabido que esa puerta existía, pero lo hubieran olvidado a través de los años. Adicionalmente, suelen sentir que casi recuerdan lo que hay adentro.

El sujeto es tentado a mover los obstáculos y entrar. La puerta por sí misma es casi siempre pesada y difícil de abrir [en algunos casos requiere de una llave, que ocurre que el sujeto, sin explicaciones, tiene]. Una vez abierta, la puerta da paso a una larga escalera que sube [aunque en un mínimo porcentaje, baja] a un nivel no visible desde el inicio del ascenso; un sentimiento de nerviosismo y miedo irracional comienza a crecer en el sujeto mientras sube los peldaños.

Los datos se vuelven inconsistentes a partir de este punto, las descripciones tienen amplias variaciones. Un escenario en particular cuenta con cierta frecuencia digna de análisis [alrededor del 27% de los casos]: el sujeto llega a un cuarto al final de la escalera. Aquí se encuentran con un juguete viejo, una pintura o una fotografía que parecen recordar vagamente de su niñez. Conforme el sujeto se acerca al objeto, este adquiere vida. El sujeto percibe que el objeto es “malo” y quiere lastimarlo o realizar un acto de hostilidad deliberado contra él. Los reportes varían en los sucesos subsecuentes, con algunos de los sujetos siendo “matados” por el objeto, mientras otros consiguen huir en una persecución angustiante.