dulces para los dulces —sobre el monstruo pentápodo de Liliana Blum

  • Hay una evolución muy evidente en el método o tono narrativo de las historias de Blum, aunque ciertas tendencias hacia el retrato de una soledad muy específica que se antoja siempre relacionada con la definición de rasgos inusuales (entiéndase por ello a la clase de personajes que pueblan una peli de Lynch o ya de plano la de Freaks) parece ser un tópico permanente de sus historias.
  • Ese cameo en la escena de la tele.
  • Si bien entiendo la decisión de perspectiva de retratar al pedófilo desde una tercera persona de rasgos muy intimistas pero con una necesaria distancia compuesta de rasgos románticos (la narrativa del perpetrador del crimen es villanesca inclusive para lo permisivo que el tema pueda resultar en cuanto a la opinión pública) y una embarrada de conocimiento criminalista popular, la decisión de limitar la segunda perspectiva documental en Aimeé, lo deja a uno como lector con cierta curiosidad de ver los efectos de ese mismo ángulo desde el lado de Raymundo, ¿hay una decisión de tintes morales ahí?
  • Materiales de construcción y cuánto de la información es divulgativa.
  • Paradoja o sintomáticamente, uno de los mejores capítulos de la novela, que creo consigue un impacto increíblemente profundo en toda clase de sensibilidades se aloja en el capítulo Ositos de goma.