otrto

Estás despierto ahora y puedes mirar el techo y las sabanas y una de tus manos. Pones los pies en el suelo y cuando andas hacia el baño e intentas detenerte en el espejo antes de orinar, te das cuenta: no eres tú quien está moviendo tu cuerpo. El horror de descubrir algo así te invade de golpe y quieres gritar, pero tus labios no se mueven, no hay nada malo con ellos, están bien, sólo que no puedes controlarlos. Es una parte de ti. Esto es una parte de ti que está controlando las cosas por ti y que piensa aparte de ti, una parte de tu mente. Otro. Y de pronto sospechas, cuando por fin te detienes delante del baño y tu rostro sonríe mientras miras directo a tus ojos, que de hecho, está contento con esto. No puedes hacer nada. No puedes decir nada. Estás atrapado. El otro besa a tu esposa y puedes sentir sus labios presionando contra los tuyos y una de tus manos bajando lentamente por debajo de la cintura. Ardes de rabia. El otro asume el control de tu vida, sabe manejar, sabe asistir a las juntas, sabe servir café y sabe coquetear con tu compañera del trabajo. El día pasa y el otro se acuesta en tu cama y tu imploras que esto sea sólo un sueño y puedas despertar mañana moviendo tu propio cuerpo y esto solamente sea una pesadilla, pero al día siguiente las cosas continúan igual. Ahora sólo puedes observar tu día a día y a veces, a veces cuando el otro decide darte un vistazo, sólo para asegurarse de que sigues ahí, las cenizas de la impotencia y el odio que sentiste por él aparecen ahí de nuevo, apenas para recordarte que tú sigues siendo tú y él es otro. Cuando los días se vuelven semanas comienzas a entender el plan. Te dice cosas delante del espejo. Cosas como: yo soy tú, deberías entenderlo de una vez. Te está intentando convencer de que él es en realidad tú y tú eres un pensamiento pasajero, una duda tonta, absurda, una cosa que debería evaporarse luego de que pasa el sueño, pero tú sabes la verdad: quién es el intruso, el invasor, el otro. Esto no puede tratarse de nada más que una ansiedad absurda e ilógica, nadie puede perder el control de su cuerpo, no existe otro aquí adentro, este soy yo, dice el otro y tú te das cuenta de que comienzas a desear que sea así, que sería mejor, que así todo esto tan horrible no estaría pasandote, que tal vez tenga razón. Una sensación vaga de ansiedad que va y viene: que este no eres tú y que tú en realidad eres otro, pero por favor, eso es ilógico. Meses después, sientes un pequeño temblor en la mano de vez en cuando y piensas, antes de sonreír, que eso es todo lo que queda de él, del otro, del intruso.

FAVOR DE NO DEJAR NINGÚN COMENTARIO, GRACIAS