entre la lluvia, entre la nieve —sobre Blade Runner 2049

  • Puede que como respuesta al estandarte secreto en el que Blade Runner se convirtió, la secuela  resulte un inverso argumental. Allá, uno de los monólogos más importantes del cine, el hallazgo existencial oculto tras la eficacia de Deckard; acá, diálogos de grandilocuencia barítona y el anterior enigma cristalizado como premisa de arranque: un blade runner abiertamente replicante que pesca y persigue el enigma de la nueva historia: ¿dónde está el hijo de Deckard?
    La vuelta de tuerca (si calza en la definición) quiere hablarle justo a ese espectador mesmerizado por los neones de la original a través de su instauración como un clásico; su guía argumental (un recuerdo) puede representar uno de los mejores sapes generacionales que he visto: este recuerdo no te pertenece, dice llegado a cierto punto la trama, pero creíste que era tuyo y eso es muy normal.
  • El hálito cáustico del primer hallazgo no desmerece el resto de las pulsiones, la película tiene al menos un comentario ácido para muchos de los rasgos de nuestra contemporaneidad en representaciones económicas y puntuales: Deckard demuestra tener severos problemas de criterio a la hora de ejercer una paternidad responsable; nuestro nuevo y hierático Blade Runner puede sostener una sola relación significativa en su vida con una app de celular actualmente muy verosímil, etc.§

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