Vox y los buscadores

He vuelto. Como lo prometí, he estado escribiendo las historias para publicarlas en el foro un poco más rápido. La verdad he pasado la mayor parte del día durmiendo. Luego del último hilo ya no supe de mí. La noche fue tan callada y aquí en mi pequeño rincón del mundo, llueve y todo está helado; es el clima perfecto para dormir. Entré y salí de mis sueños toda la noche. Algunos eran recuerdos. Otros no tenían sentido. Muchos de ellos trataban de Beau. En uno, estaba cayendo.
No puedo decir que esto me esté consumiendo, pero de verdad me pesa en la mente. Mi cabeza duele mucho, el dolor viene y va, pero cuando viene, es horrible. Hay un zumbido en mis oídos tan intenso entonces, que he terminado por apreciar esos espacios de silencio absoluto que aparecen de pronto. Sólo ha ocurrido una vez hoy, el silencio.
Lo siento, tal vez suene demasiado lastimosa, sólo quiero detallarlo todo, tanto como me sea posible, por los lectores que me han acompañado hasta aquí. Si no fuera por estas sesiones de escritura, creo que a estas alturas ya hubiera decidido internarme en algún lugar. No puedo evitar pensar que hay algo al respecto de estas historias, que si las dejo desaparecer ahora, nunca las volveré a encontrar.
Sé que he prometido escribir Beau y los Robaniños, pero creo que es necesario hablar de algunas cosas antes, así que sin más preámbulos, esto es:

 
 

Vox y los buscadores

Antes de que todo esto comenzara nunca me había dado la oportunidad de recordar. Mi tiempo con Beau era sólo otra parte de mi niñez, algo en lo que pienso cada vez menos. Creo que alguien me pidió, la noche anterior, que elaborara un poco más sobre mi vida y este es un buen momento; no hubo nada extraño en la forma en que crecí. Mi padre nos dejó a mi y a mi mamá antes de que yo naciera (no sabía que mi mamá estaba embarazada para ese momento), pero el divorcio fue muy civilizado y yo veía a mi papá cada fin de semana, en las vacaciones y el verano. Él es una buena persona, de la misma forma que mi madre; simplemente fue una de esas relaciones que no lograron darse, pero nunca dejaron de querernos, ni a mí ni a mi hermano. Además de eso, éramos una familia normal, como cualquier otra en este país.
Ahora que me he tomado el tiempo de escribir las cosas y examinarlas, pude verme a mi misma, creciendo y cambiando. Los juegos que Beau y yo jugábamos tuvieron un efecto en mi, así hayan sido reales o no. Tal vez me estaba convirtiendo en un ser humano real, capaz de razonar, en lugar de las pequeñas fierecillas que en realidad somos cuando niños. Tal vez Beau me estaba enseñando algo. Aún así, no creo haber platicado lo suficiente de nuestros juegos y de la forma en la que cambiaron mi percepción del mundo que me rodeaba.
Beau amaba jugar a las escondidas. Amaba probar que podía cazarme y encontrarme en cualquier lugar en el que se me ocurriera esconderme. Mamá siempre se preguntó por qué me sorprendía tanto que Beau pudiera encontrarme. Para ella, Beau era un producto de mi imaginación. Yo amaba jugar con él, verlo feliz me hacía feliz. Mi peligrosísimo amigo, ególatra, feroz, psicótico y robavoces, pero mi amigo a fin de cuentas.
Un día le pregunté a Beau porqué le gustaba tanto jugar a las escondidas.
—¿A ti no?, tu especie siempre está jugando este juego.
Le pregunté qué quería decir con eso. Nadie que conociera disfrutaba de esconderse. Sólo cuando jugábamos, o cuando estábamos en peligro, cuando no queríamos ser encontrados. Me regaló otra de sus enormes sonrisas y se inclinó para hablarme al oído. En retrospectiva, me inquieta mucho que sus labios nunca se movían al hablar.
—Esta es la razón por la que siempre pierdes, Jeep: no entiendes cómo se juega. Tu especie puede ser muy buena para esconderse, pero ser un buscador es mucho más divertido. Hay muchísimas cosas que quieren encontrarte. Si jugamos, puedo mostrarte, pero tú te escondes primero.
Tal vez era joven e impresionable, pero también había comenzado a ser un poco más inquisitiva.
—Creo que estás buscando un pretexto para jugar.
—Abre tus sentidos —dijo en un tono que sonaba casi como una orden, —veámos qué te encuentra primero.
No sé muy bien a qué se refería con eso, pero se dio la vuelta contra una pared y comenzó a contar. Las sombras lo volvieron un poco difuso y además rodeó su cabeza con sus enormes manos, dejando claro que no estaba espiando. Era el fin de la conversación, si insistía sólo terminaría perdiendo el juego, así que empecé a correr. En realidad, el día lluvioso me había dejado con pocos escondites. Mi abuela, que se supone se encontraba cuidandome, estaba dormida en la sala y sabía que las elecciones obvias, como las alacenas o los closets, serían el primer lugar en donde Beau buscaría y que con estas condiciones nunca solía esconderme en el cuarto de huéspedes, que parecía tan obvio que seguro ahí no buscaría.
Parte del truco para ganarle a Beau consistía en confundirlo. Sabía que seguía rastros metódicamente, hasta que terminaban, no importando por qué o en dónde. Tomaba plena ventaja de esta obsesión. Abrí y cerré la puerta de una alacena mientras andaba, sólo para dejar que lo escuchara. Dejé un montón de ropa para lavar en el suelo de mi cuarto, el suficiente para dar la impresión de que una niña podría caber debajo y entreabrí la puerta del cuarto de mi hermano para que pareciera que justo alguien había dejado de vigilar. Estos rastros falsos lo frustrarían, tal vez dándome oportunidad suficiente para cambiar de escondite.
El baño en el cuarto de invitados no solía ser usado y siempre estaba lleno con las toallas de invierno y pequeños jabones de muchos hoteles; olía a vainilla. Entré de puntitas y cerré la puerta detrás de mí, antes de meterme en la tina y cerrar la cortina para esconderme. La única luz venía de una pequeña lámpara de contacto con forma de concha de mar. No estoy seguro de por qué la teníamos ahí. Acostada en la bañera y echa un ovillo, cerré mis ojos y me concentré en mi respiración para no delatarme y poder escuchar a Beau mientras avanzaba por la casa.
Ahora, obviamente, el Rey Cazador Guerrero del Lugar Callado no iba a permitir que una niña de cinco años se la jugara, pero puede que se divirtiera tanto durante el juego como cuando ganaba. Lo escuché abrir una serie de puertas de alacena y cajones. Beau me estaba dejando saber, con ese sonido, que el juego había comenzado. Intenté escuchar más, por encima de mi corazón acelerado y no pasó mucho cuando escuché un tipiteo en la puerta del baño. La perilla de la puerta tembló, el suelo crujió al responder al peso de alguien deteniéndose delante.
Esto me extrañó. Beau nunca había necesitado abrir ninguna puerta. La única vez que llegó a molestarse, lo hizo mientras nos encontrábamos jugando al teatro. La puerta se abrió y lentamente giró sobre sus goznes, libre, hasta chocar con el freno fijo al suelo. Justo entonces consideré que quiénquiera que hubiera abierto la puerta, podía ser alguien más. Me concentré en escuchar, mis esfuerzos me devolvieron una respiración lenta, difícil, ajena.
Con tanto miendo como llegué a sentir, me obligué a abrir los ojos, sin moverme. Desde donde estaba podía ver solamente una parte de la cortina y del techo, arriba de la regadera. No me atreví a mover un solo músculo para mirar mejor, pero pude ver cómo algo se encontraba entre la luz de la concha del baño, formando una sombra muy débil, apenas visible.
—Vox, ¿amor, entraste aquí?
La voz pertencía a mi abuela. Temiendo ser castigada, casi respondo, pero lo que Beau me había dicho detuvo mi voz al instante.
—¿Querida?
El ser se arrastró sobre el suelo de mosaico, casi al mismo ritmo al que lo harían los pasos de mi abuela. La silueta era casi del mismo tamaño que el de ella y aún así, me encontraba helada delante la posbilidad de que eso era casi mi abuela; algo que estaba jugando con mi confianza en un esfuerzo por hacerme salir. Bien podía tratarse también de una nueva treta de Beau y si era así, no le daría la satisfacción de engañarme.
—Ah, ya veo. Estás jugando con tu pequeño amiguito, ¿verdad?, ¿cómo dices que se llama, Bob? ¡Sal de donde quiera que estés, Bob está aquí y quiere verte!
No podía ser Beau. Su vanidad nunca le hubiese permitido jugar con su propio nombre. Desde su perspectiva, todos en el universo tenían la obligación de aprender y pronunciar correctamente su nombre. En ese momento, desde la cocina, pude escuchar una alacena cerrándose de pronto. Beau aún me estaba buscando, eso significaba que estaba a solas, con la cosa con la voz de mi abuela.
El ser hizo una pausa al escuchar la alacena. Se arrastró más cerca de la tina. Entonces pude escuchar otra cosa. Era un tono muy bajo, no era tan fuerte como para llamarlo una vibración y era apenas lo suficiente como para creer que se trataba de mi mente. Por alguna razón, el sonido hizo que mi estomago se hicera nudo y mi corazón se disparara como si quisiera salir corriendo desde mi boca.
—Vox, esto no es gracioso. Voy a contar hasta tres y si no has salido cuando termine, voy a tener que contarle de esto a tu mamá cuando llegue.
No quería esta cosa cerca de mi mamá de ningún modo.
—Uno…
Aguanté la respiración y miré como la débil luz desaparecía casi.
—Dos…
El zumbido estaba a punto de hacerme gritar. Me salieron algunas lágrimas de los ojos. Solamente era una niña. Estaba acostumbrada al monstruo que me dejaba cantarle, no al que tomaba la forma de mi abuela y amenazaba con hablarle a mi mamá. Quería gritar, saltar y correr, pero no había forma de que pudiera escapar si lo hacía, lo sabía, muy dentro de mí.
—Tres…
La cortina de la regadera comenzó a moverse. Una cara se formó contra el patrón de flores. No tenía rasgos únicos. Pudo haberse tratado de mi abuela, pero también podía tratarse de mi papá o de mi maestro de química. El zumbido no subía ni bajaba, no cambió ni siquiera cuando la cosa estuvo prácticamente encima mío. El bulto parecía mirar directo hacia adelante, y mientras el bulto no se movió, la voz hizo eco en la tina.
—Ahora, ¿dónde se metió esa niña traviesa?
No pude soportarlo más. Se me salió un pequeño quejido. La cosa se congeló al instante, y yo estaba por completo segura de que todo había terminado. No tenía idea de lo que me iba a pasar, pero sabía que no era bueno. Había escuchado suficientes historias de Beau para ese momento como para saber que estas cosas no suelen jugar juegos ni cantar. El zumbido cesó. El bulto desapareció de la coritna y un momento después, escuchaba a la cosa arrastrarse lejos de la tina. Lo que remplazó al zumbido fue un silencio que me pareció tranquilizante.
Me quedé ahí por lo que pareció toda una vida antes de juntar el valor de asomarme un poco. Había una silueta en la puerta, alta. Una silueta que conocía.
—¿Beau? —dije en voz muy, muy baja. Mis labios temblaban. Moví la cortina y vi su rostro pálido, inclinado hacia mí, mirándome.
—Al parecer no gané. —dijo, pelando una sonrisa.
Quería golpearlo e insultarlo, pero no se me ocurría ninguna grosería. Se me ocurre una, ahora: Beau, pedazo de cabrón. Incluso entonces sabía que estaba ahí, esperando y probablemente divertidísimo, mientras la cosa con la voz de mi abuela me asustaba. No le dije nada, sólo le volteé la cara. Pareció notar que estaba molesto y se interpuso en mi camino fuera del baño.
—¿Aún no entiendes las reglas del juego? Siempre hay buscadores dispuestos a encontrarte Vox, pero sólo pueden encontrarte si tú quieres ser encontrada.
Di un salto cuando escuché la voz de mi abuela haciendo eco desde la cocina. Estaba llamándome para la cena.
—¿De verdad es ella?
Beau se encogió de hombros, o lo que pasaba por el ademán, viniendo de él.
Inflé las mejillas y reuní mi valor, dejando a Beau en el baño. Mi abuela estaba en la cocina, esperándome con algo para merendar. La abracé lo más fuerte que pude, y cuando me preguntó por qué estaba llorando, le dije que me había lastimado un pie al bajar las escaleras.
Lo admito, cuando Beau me llamó desde mi cuarto mientras yo me encontraba con mi abuela mirando la programación de novelas de la tarde y aburriéndome hasta la muerte, no me sentí demasiado feliz, pero me sorprendió un poco. Supuse que quería terminar con el juego.
—Ha dejado de llover. —insistió —Te toca buscar. Si dejamos el juego sin terminar, rompemos las reglas.
Alegué que la casa era una mejor alternativa y Beau me amenazó con dejarme sola con la cosa abueloide. Me dijo que sabía dónde encontrarla. Podría traerla aquí, a terminar cualquier asunto que tuviera pendiente. Contrarrestré con no cantarle más durante la semana. Ganó con el ofrecimiento de robar mi voz y tener todas las canciones que quisiera, para siempre. Terminé en la esquina. Conté hasta diez con molestia. Cuando me di la vuelta me sentía por completo segura de que Beau no se encontraría en la casa. Hasta ese momento, habíamos pasado demasiado tiempo dentro e incluso para Beau, el exterior era demasiada tentación. Le avisé a mi abuela que iba a salir al patio trasero.
La casa en la que vivíamos era la misma en la que mis padres habían vivido juntos. El antiguo cobertizo para herramientas de mi padre aún se encontraba en pie, en uno de los rincones del terreno, abandonado por años. Se me había prohibido jugar ahí. Nunca regresó por sus herramientas. Había toda clase de cosas y sustancias como pesticidas, goteando ahí dentro. Lo usual era que estuviera cerrado, pero ahora podía notar la puerta entreabierta. Me pregunté por qué Beau estaba intentando meterme en un problema, pero de cualquier forma terminé animándome a abrir la puerta.
—¿Beau? —susurré, asomando la cabeza, —no se supone que debamos estar aquí, me van a regañar.
Le di un vistazo al cuarto, intentando mirar un poco más allá de la podadora, de la mesa de trabajo y las luces de navidad, que junto a otras cosas formaban un collage típico de lo que cualquier familia suburbana almacena. Estaba en el rincón más lejano del pequeño cobertizo, detrás de un Santa de plástico y un viejo bote de basura: un bulto que no parecía corresponder con todo lo demás. Con un repique de triunfo, di un paso dentro, abriendo la puerta un poco más para que la luz llegara hasta el grumo de oscuridad en el rincón. Esta luz provocó un reflejo proveniente de una vieja sierra, colgando en uno de los muros y esa sierra fue lo que provocó que diera un paso fuera y cerrara la puerta de golpe.
Estaba en el reflejo difuso del metal de la sierra: una cara que, incluso distorsionada por la forma del material, no podía pertenecer a Beau; boquiabierta, de ojos oscuros y amplios. No sentí que la cosa me hubiera visto, pero no pensaba regresar para confirmarlo. Lo que había visto bien pudo ser el resultado de la combinación de algunas decoraciones botadas ahí también, justo como la cosa abueloide pudo haberse debido a mi imaginación hiperactiva, pero como Beau había dicho, ellos sólo podían atraparme si era eso lo que quería.
—¡Beau! —grité desde el patio —¡ya no juego!
Escuché su voz flotar desde detrás de un árbol.
—He matado por menos… de cualquier forma, no me habrías encontrado.
No quiero dejar la impresión de que estaba llevándome mi balón a casa, porque no creo que eso es lo que pasó aquí… pero tampoco tengo muy claro cómo explicar esto. Supongo que me siento como una invitada, soy yo la que está pidiendo ayuda y en realidad nadie tiene por qué leer mis historias tontas de la niñez, o descender a la esquizofrenia conmigo. Trato lo mejor que puedo.
Ya no recuerdo a qué iba con esto, lo que me asusta un poco, así que supongo que eso es todo. Ahora necesito dormir… regreso luego.

Preguntas y respuestas

Lo siento, me está llevando una eternidad escribir cosas últimamente. Todo me tiene frita, pero siento que esto debo terminarlo. Lo último que puedo hacer es al menos responder algunas preguntas.


 
 
 
Anónimo: Yo tengo preguntas. Además de toda la situación de Beau, ¿cómo describirías tu vida por entero justo ahora? ¿estás feliz?, ¿estresada?, ¿hay algo que te moleste?, ¿cómo van la escuela/trabajo, tus amigos/familia?
De hecho mi vida ha estado muy normal. Tengo un buen trabajo, un departamento aceptable y he superado lo de mi ex. Mi familia y mis amigos son buenos conmigo, son relaciones estables. Es por eso que tengo la sensación de que esto ha salido de la nada. Soy tan promedio como una persona promedio puede serlo.

Anónimo: Vox, ¿cuáles son las dimensiones de Beau?, basado en la descripción de tus sueños, me da la impresión de un Michael Jackson con manos esqueléticas, piel pálida y una vestimenta rara. ¿Es alto, puedes describir un poco más su voz, cómo es su cara, tiene los pómulos altos, su cabello? ¿Sus colmillos son como los de un lagarto, en forma de cono, son como los de un tiburón, son cuchillas como los de un dinosaurio?
Es bastante difícil describirlo a detalle porque todo al respecto de él es demasiado lejano a lo humano y yo soy una artista pésima. Su piel se ve justo como la de un albino. Sus colmillos se parecen a los de un cocodrilo, puntiagudos y de diferentes tamaños que cierran totalmente. Es muy ato —diría que fácilmente topa con el techo. Su cuello es largo. Su sonrisa es demasiado amplia. Tiene los pómulos altos y puntiagudos y sus ojos son enormes, su cabello es blanco y está peinado hacia atrás.

Anónimo: ¿Beau se ve como Jack, de la película de animación de Burton?
No, tampoco es como David Bowie o Jhonny Depp, como lo han estado discutiendo; aunque no me molestaría. Tiene piel encima, aunque no se ve demasiado humano. Siento mucho ser tan mala describiéndolo, nunca he visto nada como él. Es confuso para mí de pies a cabeza, pero en especial, sus manos; personalmente, me aterran, pero puede que sea porque “sentí” una de ellas, algunas veces.

Anónimo: Sólo por curiosidad, ¿Cómo suena la voz de Beau, es una combinación de todas las voces que ha robado o tiene una voz propia?
Tiene dos. Su voz normal, que es como la que he estado escuchando; es las voz de un hombre adulto, como distorsionada; como si tuviera que pasar por alguna clase de interferencia. Sus suspiros son los que suenan como si tomaras un puño de voces juntas y las hicieras hacer el mismo sonido al mismo tiempo, en distintos tonos y volúmenes; como si fueran un coro que sale de la misma boca.

Anónimo: ¿Alguna vez ha sido compañero de alguien más de la misma forma en que lo ha sido/es para ti?
No recuerdo que haya llegado a mencionarlo. Amaba a la Luna, aunque no pudieron quedarse juntos. Toleró muchas criaturas. A través de las historias, parece que normalmente se concentra en la reciprocidad y en conseguir lo que está buscando. No estoy segura de haber sido su compañera, más que algún tipo de premio. Sé que muchos de nuestros juegos implicaban entregarle algún tipo de tributo por no comerme en la forma de canciones o aventuras y que él me contaba historias.

Anónimo: ¿Recuerdas si ver la Luna en el cielo tenía algún efecto en Beau?
Sí, la adoraba.

Anónimo: Me gustaría creer que eras algo más que una propiedad para él, incluso si te consideraba suya. Me parece que formó una conexión contigo, o una aproximación a eso dado su naturaleza. Se podría decir que estaba defendiéndote del gato, por ejemplo; el hecho de que pasara tanto tiempo contándote de él y sus historias parece decir algo más sobre esto, pero supongo que esto es relativo. Puede haber muchas razones para que haya vuelto a aparecer. No creo que estés loca, hay muchas cosas en este mundo que no es posible explicar o entender; por lo que he leído, me parece que lo último que Beau quiere es lastimarte.
Anónimo: Me parece que ella era simplemente otra propiedad para él. Aunque el resto de las historias me llevan a pensar que tal vez en ese momento no contaba con la capacidad para entenderla como su pareja; me parece también que Beau es muy similar a un niño yendo por su fase del ‘Yo’.
Tal vez sería algo más o menos a la mitad de los extremos. Es cierto que llegó a portarse como un niño muy posesivo, pero también pasó años entreteniéndome. Pudo haber tomado lo que hubiera querido de mí e irse.

Anónimo: Explicación racional (aburrida): todo está en tu cabeza.
Explicación Paranormal: Beau es un fantasma o cualquier otro tipo de criatura sobrenatural, las historias que te ha contado son ficcionales. En serio, ¿la oscuridad se robó la luna pero él la salvó y la devolvió al cielo? Nos has contado que era superficial y egoísta. Este fantasma/demonio probablemente disfruta de inventar historias donde él es el heroe, para satisfacer su ego. Cuando lo viste vomitando los bichos negros estabas a punto de ver su forma real. Si fuera tú, sería más cuidadoso de ahora en adelante.
Racional: El análisis Tac es el miercoles. No se preocupen, no me he olvidado de la posibilidad de que me esté volviendo loca.
Paranormal: Es muy posible que estuviera inventándome cosas. De verdad me pareció verlo sufrir cuando vomitó. No sé si esa era su verdadera forma o alguna otra cosa: los bichos me recordaron la historia de la Luna. Tal vez mi sueño sólo estaba reciclando eso.

Es decir, me gustaba que estuviera cuando era niña, tal vez esto no lo he dicho suficiente: era mi amigo imaginario cuando era una niña y el asunto de ser considerada como una pertenencia más nunca fue algo en lo que me detuviera a pensar entonces: no tengo la menor idea de por qué mi estúpido yo de niño decidiría que una relación de abuso con un rey demonio era una excelente elección en materia de amistades imaginarias, pero esto de ninguna manera ha sido un indicativo de mis relaciones siendo un adulto.
 
 
 

§

 
 
 
 


imágen de cabecera: answerphone

Anomalías

Saludos, /x/

Soy nuevo aquí, no conozco las costumbres del lugar, un amigo me habló del foro luego que le contara mi historia y le mostrara los materiales que estoy a punto de compartir con ustedes. Él cree que algunos de ustedes lo apreciarán, pero para serles honesto, desde donde estoy sentado este sitio parece más un refugio de idiotas que un “foro de imágenes” sobre lo paranormal. Pero bueno, necesito compartir esto de forma anónima, por razones que se volverán claras. Técnicamente, estaré rompiendo la ley, pero si he entendido cómo funciona este lugar, este hilo de conversación desaparecerá pronto.
Esta es la cosa: soy editor de una pequeña editorial en los Estados Unidos, no voy a decir ni cuál, ni dónde, así que no pregunten, quiero mantener mi empleo; la paga no será maravillosa, pero es un trabajo sencillo y me gustan las personas con las que trabajo. Mucho de lo que publicamos está en la línea de publicación de lo que se conoce como table books.
Es el tipo de libro que la gente hojea cuando está aburrida, pero casi nadie lee de principio a fin. Historias breves de ciertas ciudades o lugares que se venden bien en tiendas de recuerdos, biografías y fichas geográficas ocasionales, el catálogo de algunos museos y ese tipo de cosas. Es aburrido, pero paga las cuentas, tenemos suficientes proyectos y nuestros libros venden para mantenernos a flote; lo que ya es mucho más de lo que muchas pequeñas editoriales pueden decir.
Sobrevivir en este negocio te hace famoso entre historiadores ociosos y gente que se siente experta en una que otra ciudad en medio de la nada, Idaho o algún tema esotérico que en realidad a nadie le importa. Recibimos un montón de manuscritos no solicitados de gente que realmente no debería estar escribiendo libros y CDs llenos de fotografías, de gente que en realidad no debería estar tomando fotos. Como somos pequeños y no tenemos una plaza para un editor de adquisiciones, el trabajo de ir entre la pila de curiosidades se rola entre la gente de la oficina.
A veces alguien encuentra algo que vale la pena y pasa el proyecto al resto de nosotros, pero nuestro director editorial tiene la última palabra. Por los últimos nueve meses he estado trabajando en un libro que emocionaba a todo el mundo en la oficina. Nuestro editor adjunto lo encontró durante su turno de revisar. Un viejo que no nombraré nos había contactado de la nada, ofreciéndonos la oportunidad de publicar su archivo de rarezas fotográficas si demostrábamos tratar el tema con el respeto y la seriedad que él sentía que merecía.
Para usar su definición y explicar el título del libro, las fotografías eran “anomalías”, es decir que mostraban algo fuera de lo normal o de alguna forma inexplicable y que usualmente contaba con una historia interesante para acompañarlas. La mayoría de ellas pertenecía a la primera mitad del siglo XX.
Como dije, no era el tipo de cosas que publicábamos, pero las muestras que el tipo mandó en su propuesta eran bastante sugerentes y una vez que vimos el resto de ellas, leímos algunas de las historias y nos dimos cuenta de que ninguna de estas fotografías eran conocidas, supimos que teníamos algo que atraería la atención de la gente. El formato iba a ser simple y clásico, con un montón de espacio blanco; cada foto aparecería en impresión de alta calidad en la página derecha, seguida de una página izquierda en blanco y luego un par de párrafos describiendo la fotografía en la siguiente página derecha.
Desde el principio, trabajar con el tipo fue una pesadilla y nos llevó una eternidad porque se negó a mandar más de un documento a la vez. Él me mandaba una pieza por correo certificado, yo la recibía, la escaneaba y la devolvía por correo certificado de nuevo. Sólo al recibir la anterior, mandaba la siguiente. Parecía pensar que su colección era extremadamente valiosa y estaba bastante paranoico al respecto de perderla, así que sólo asumía el riesgo de una pieza a la vez. Al final, habríamos invertido tanto solamente en costes de envío que hubiera sido mucho más barato mandarme hasta su domicilio con un scanner y una laptop.
Estábamos tal vez a un tercio del proceso de producción cuando este cabrón nos jaló el tapete. Alguien le había ofrecido una gran cantidad de dinero por las fotos, mucho más de lo que le habíamos ofrecido por los derechos de edición, con la condición de que la producción del libro se detuviera y las fotografías permanecieran lejos del público general. Exigimos que nos los dijera de frente e intentamos razonar con él, apelando a su orgullo y su deseo de ser “académicamente aclamado” y por algunos días, pareció que había funcionado. Pero cuando regresó a casa, cambió de opinión de nuevo, insultándome a mí y a mi editor por teléfono, exigiendo que se detuviera la producción del libro.
Contrató un abogado que se inventó algunas mierdas para anular el contrato y nos amenazó con una demanda que nos llevaría a la quiebra si continuábamos con el proyecto y perdíamos el juicio. Para añadir a la ofensa, la firma de abogados mandó a un pequeño y molesto ingeniero en sistemas a nuestra oficina para asegurarse de que los originales fueran eliminados por completo de nuestras computadoras. Ya que la gran mayoría del proyecto estaba guardado en mi máquina y había tirado meses enteros de mi vida en él, me sentí y aún me siento violentado y molesto con el asunto.
Alguien debería beneficiarse de todo ese trabajo. Esas son las razones principales por las que me encuentro aquí. No cuento con los scans en alta resolución que hice de las fotografías, pero guardé borradores de trabajo de las descripciones originales y catorce imágenes de calidad media (thumbnails) que Quark creó mientras diseñaba la versión para imprenta. No me pregunten por qué seguimos usando Quark, es lo que sabemos usar y por lo que pagamos hace ya bastante tiempo. No se supone que lo haga, pero ocasionalmente me llevo algunos archivos de Quark a casa para trabajar los fines de semana.
El archivo completo, con las imágenes en alta definición se volvió demasiado pesado para que estuviera llevándomelo a mi casa —la mayoría del tiempo en casa sólo estoy experimentando con fuentes y esquemas de maquetación— así que nunca añado las imágenes originales hasta que termino. De cualquier forma, luego que toda esta mierda acabó, descubrí que tenía uno de esos archivos de trabajo en la computadora de mi casa, con todo lo que habíamos llegado a terminar, así que extraje los textos y las imágenes. Ustedes son beneficiarios de esto. Que quede en claro que no puedo confirmar nada sobre la veracidad de estas fotos. No estoy aquí para convencerte de que son reales. Sólo las estoy dejando aquí porque creo que merecen ser vistas y no terminar ocultas en la colección privada de algún cretino ricachón.

[Clic en la imagen para ir a la historia]

Cavecrypt 13o14 12o14 11o14 10o14 9o14 8o14 7o14 6o14 viola_peters 4o14 3o14 2o14

Trinidad

Esta es una de las famosas fotografías tomadas durante las pruebas nucleares realizadas por el ejército norteaméricano el 16 de Julio de 1945, en las blancas arenas de la Jornada del Muerto, a 35 millas del Sureste de Socorro, Nuevo México). El nacimiento de este “diseño de implosión con base de plutonio” (el mismo método empleado en la bomba “Fat Man” empleada en Nagasaki), marcó el comienzo de la era atómica y la subsecuente carrera armamentística entre el bloque soviético y los Estados Unidos.
Sólo un puño de personas sabían que la fotografía liberada a la opinión pública fue recortada. Uno de ellos, el fotógrafo original, le entregó al autor una copia bajo la condición de que se mantuviera fuera del conocimiento público hasta que los ciudadanos del mundo pudieran entender lo que muestra. El autor permanece incierto respecto al cumplimiento de este requisito, pero dado que probablemente cuente con la última copia, ha decidido que su responsabilidad se encuentra con la verdad.

 

La Historia de Fantasmas de Humper-Monkey

Capítulo 11

Detrás de mí, en la oscuridad, los teléfonos siguieron sonando. Detrás de mí, cuatro hombres y una mujer inmóviles. Arriba, las botas chocaban contra el suelo y un grito iniciaba su recorrido hasta donde nos encontrábamos.

—a la mierda —gruñí, dándome la vuelta. Comencé a desconectar teléfonos de los conectores del muro. A la mierda con quien llamara. No tenía ganas de contestar.

Las luces comenzaron a encenderse, los ruidos a disminuir, conforme jodía teléfonos. Continué. Quería que esto terminara. La nariz de Cobb seguía sangrando y si esos nazis muertos lo olían, estarían encima de nosotros como una puta sobre un miembro envuelto en billetes de cincuenta.

—Todo el mundo, a la sala de estar, Monkey, asegure todas las puertas. —ordenó Bishop. Todo el mundo comenzó a correr mientras yo tomaba un aro de llaves. Recogí un cigarrillo del suelo. No fumo, pero me calmaba llevarlo conmigo.

Para el momento en el que terminé de cerrar las puertas, éramos el capitán Bishop y yo en el cuarto. Cuando pasé por su lado me extendió la .45

—por si acaso. —asentí y anduve hacia afuera. Afuera, podía ver los caminillos desnudos, con la nieve arrastrada desde los cúmulos por el viento, haciendo parpadear las luces al final del corto camino de ladrillos que venía del camino de la colina al ingreso del edificio. Cerré las puertas. Miré por un momento al pedazo de colina que se extendía más allá de nuestro pequeño mundo. El carro del Teniente todavía estaba estacionado ahí afuera, me pregunté si estaría adentro de él, petrificado, tal vez compartiendo un cigarrillo con Tandy. Más arriba, había un muro alambrado. No alcanzaba a ver las torres de seguridad, pero sabía que estaban por ahí.

Me retiré sin dejar de ver el carro del Teniente Paleta. Estaba ahí dentro, escuchando Duran Duran, fumando, planeando como entrar y arrancarnos la tráquea a todos.

[luego comenzaría a quitarnos la piel, uno por uno]

Sacudí la cabeza. A la mierda con él. Apuesto a que podía ponerle las manos encima. Yo era el raso Monkey, maldito hijo de puta con título. Máquina de matar. Metal torcido y sex appeal. Todas las mujeres aman al matón.

—¿Todo bien, Raso? —Bishop. Sonaba preocupado, así que le respondí mientras cerraba la puerta a las escaleras.

—pensamientos oscuros de Monkey.

—¿Monkey?

—Señor. Mi papá nos llamaba, a mí y a nuestros hermanos “sus pequeños simios” y yo era un gran escalador.

—Oh, pensé que estaba diciendo otra cosa.

—Todos sangramos y morimos igual, señor.

La puerta al pasillo cerró firme. Las dos puertas a los baños no, tampoco el cuarto vacío que decía “REC”. Las botas habían dejado de sonar, pero aún nos movíamos con linternas. Sabía que era un problema con los fusibles, y que eso estaba provocado por un cableado jodido. El viento estaba entrando hasta ahí, torciéndolos, falseándolos.

—Raso. Tiene una daga de la SS saliéndole de la bota.

—Encontramos varias en cajas y el sargento Vickers me dejó solo en el subsótano. Soy un soldado, estoy más cómodo con un arma en la mano. —levanté los hombros —puede quedársela.

—Son ilegales en Alemania. Debemos entregar toda la parafernalia Nazi a nuestros camaradas alemanes para que puedan destruirla. ¿Cuántas de estas cree que haya?

—Bueno señor, el subsótano se extiende lo que el edificio así que…

CRASH CRASH CRASH

—¡CALLADITOS CABRONES! —el capi me miró chistoso, por el grito —estimo que al menos un cuarto está lleno de cajas. Algunas son de tamaños distintos, así que dudo que todas contengan cuchillos. También hay una bandera hecha pedazos allá abajo.

—hay que dormir. —no me pidió ni el arma escolta ni la daga, me pareció bien.

Fui a la sala comunitaria, anidé y cerré los ojos. Escuché al cap cerrando la sala antes de quedarme dormido, no mucho más.

Desayunamos huevos tibios y carne de canguro. Me sorprendí varias veces contando cabezas y Cobb se tensaba visiblemente cada vez que un nuevo grito llegaba hasta nosotros.

—Atención todos. —ordenó Bishop. Todos escuchamos mientras seguíamos comiendo. —el sargento Vickers y el SPC Carter van a visitar el puesto de avanzada. Vamos a pedirle a MI que grabe nuestros teléfonos. También van a traer la cena y la commida de mañana. El raso Cobb se va a llevar el transporte pesado y nos va a traer equipo de iluminación y un generador.

Todos asentimos y seguimos comiendo.

Luego de desayunar, Vickers y Carter se fueron en las camionetas. Me senté en los escalones del edificio, con la parka bien ajustada. Encontré un marlboro en la bolsa de dentro y lo encendí. no fumo, pero ayudaba a calentar el aire, en vez de congerlarme los pulmones.

El capitán Bishop estaba convencido de que había una explicación lógica para todo y yo quería creerle, de verdad. No se me ocurría ninguna, pero quería creerle.

Pensando pensamientos oscuros, me terminé el cigarro a bajo cero y lancé la colilla a la nieve, pensando que las cosas siempre podrían ser peor.

Estaba en lo correcto.

Luego de desayunar, me encontré a mi mismo usando la cuerda que usé para salir del subsótano, para bajar al subsótano. Tenía una linterna de uso pesado, la automática, una barra de metal y la daga. Iba a marcar las cajas que fuera abriendo.

Mann nos alumbraba, Smith iba anotando todo lo que encontrábamos. Stokes se quedó arriba, esperando gritar muy duro si algo la asesinaba. De verdad, eso fue lo que se le ordenó.

El Cap y dos hombres más iban a revisar el perímetro del edificio. Personalmente, sentía que teníamos mejores posibilidades que ellos.

Mis botas chocaroncontra el suelo congelado y grité que todo estaba despejado. Moviéndome despacio, ecendí la luz y miré a Smith descender.

—carajo, sé que sigo yo. —se quejó Smith mientras se incorporaba junto a mí.

—¿Por?

—¿Dos cabrones muertos? Sigo tanto, amigo. —intentaba bromear, pero las sombras hacían que su rostro se viera serio. Mann estaba casi abajo y cuando llegó, avisó a los demás que estaba abajo. Cobb y los demás comenzaron a bajar la iluminación al subsótano.

—¿Listos? —los otros dos dijeron que sí. Nos alejamos del círculo de luz, hacia la penumbra.

—¿Vickers te dejó aqui? qué hijo de puta. —dijo Smith, revisando con la luz aquí y allá.

—No había opciones, no podía subir solo. —el peso del arma en la funda de mi cinturón me hacía sentir seguro, aunque comenzaba a reconocer los movimientos furtivos alrededor nuestro.

—¿Cómo van las costillas? —preguntó Mann.

—Van. —Torcí la tapa de la primer caja que encontré con la barra de metal. Mann iluminó el interior.

—No me jodas.

—Pistolas, Caja 1. —dijo Smith, anotando. Anoté un número uno en la tapa y continuámos.

Esto se iba a llevar algo de tiempo.

Le mostramos la hoja de inventario a Bishop. El generador no duró una cagada, comenzó a fallar pasada la hora, así que salimos de ahí después de estar ahí unas cuatro horas.

—Esto es suficiente para armar toda la base.

—provisiones de entrenamiento, señor. —explicó Smith.

—¿qué le hace pensar eso?

—Bueno, encontramos uniformes, pistolas nuevas, cuchillas, cobijas, almohadas y muchas insignias, la clase de cosas que le das a estudiantes cuando se gradúan ¿no?

—hace sentido. —Bishop se llevó la hoja a su oficina.

Nos separamos en pequeños grupos. Stokes nos ofreció historias de Fort Lewis, Smith contó chistes sobre crecer en el sur, Cobb habló de Fort Erwin, Mann habló del pueblo de mierda donde creció y yo me fumé el cigarrillo que debíamos estar pasando. No fumaba, pero quería verme cortés.

Las puertas exteriores sonaron. Vickers y SFC habían regresado con comida. Vickers nos miró y comenzó a dar órdenes con mucho amor:

—¿Qué mierda miran? vayan a la camioneta y comiencen a bajar las cajas, animales.

—Señor.

Los cinco avanzamos hacia la camioneta, la cara se nos llenó de pequeños cristales. Nos movimos tan rápido como pudimos. Vi una luz saliendo del tercer piso que desapareció antes de que pudiera decir nada. Smith asintió, también lo había visto.

Carter entró y regresó con una ronda de cervezas y un montón de charolas de comida. Cuando fui por cubiertos, volví a ver la luz encenderse, decidí ignorarla.

Bishop servía, todo el mundo se dirigía a la sala comunitaria con la comida. No era buena comida, pero estaba caliente y llenaba; eso la hacía buena.

Luego de cenar, Bishop nos asignó a Stokes y a mí a la CQ. Usualmente debías de asignar a un E-5 a CQ; pero Vickers no tenía mucho de donde escoger.

Nos sentamos en silencio un rato. Recordé la última vez que mi esposa estaba sudadita, debajo mío. Conté las veces que las luces se encendieron y apagaron. Fui por los quehaceres del puesto, palomeándolos en mi cabeza. Ignoré el sonido de los pasos. Ignoré las luces. Ignoré los gritos y los quejidos.

*ring ring*

Puta.

—dos diecinueve de la artillería especial, Raso Monkey, ¡como puedo ayudarle?

silencio.

—¿hola?

HHHHHHHSSSSSSSSSSssssssss

Bajé la bocina, miré a Stokes.

—llama al Cap. —nos había dado ordenes estrictas. Se levantó y fue hacia la sala comunitaria.

Me puse la bocina en la oreja y escuché con atención.

—Hola, taberna alarido al habla.

HHHssssssssssssssssss

—Si señor, el cuarto para homosexuales está disponible.

SSSSSSSsssssssssssss

—¿Necesitará un tapón de culo sobre la almohada cada mañana?

HHHHsssssssssssssssssssss

—¿y me dejará tirarme a su mamá?

El capitán Bishop llegó, se sentó junto a mí y comenzó a marcar en otro teléfono.

—Al habla el Capitán Bishop, ¿está el sargento Powers? Bien, escuche, necesito que rastrée todos los teléfonos disponibles en mi área. Me hizo una seña y sonrió, yo sólo asentí.

Quienquiera que fuera, seguía siseándome al oído.

—¿Qué? revise de nuevo, con un carajo.

Más siseos.

Ok. Al comienzo esto daba miedo, ahora se había vuelto molesto.

—Muy bien, gracias. —dijo y colgó el teléfono. Me quitó la bocina, la escuchó un momento, palideció y colgó.

—¿Qué le dijeron? —preguntó Stokes. Estaba mirando hacia el pasillo. Las sombras me daban la impresión de que alguien venía hacia nostros, pero no vendría nadie.

—le pedí al MI local que nos apoyaran a rastrear la actividad de las líneas.

*ring

Descolgué y colgué.

—Pero la única línea activa era la que yo estaba usando.

—Número telefónico.

—¿Perdón raso?

—¿Cuánta gente tiene nuestro número telefónico, señor? Los teléfonos están recién instalados, no puede decirme que alguien ya se sabe nuestro número.

Las luces se apagaron y las luces de emergencia se encendieron, iluminándonos a todos de color rojo.

—y otro problema… —añadió Stokes.

—¿Sí?

Las luces rojas parpadearon.

—la razón de que no detecten otra línea en utilización.

Las luces de emergencia del pasillo comenzaron a apagarse, una detrás de la otra, a las espaldas del cap.

—digalo, soldado. —Bishop se veía nervioso. Estaba a punto de estar aún más nervioso, yo sabía a dónde iba la muchacha.

Una de las tres luces de emergencia en CQ se apagó.

—esas llamadas están entrando desde dentro mismo del edificio.

El resto de las luces de emergencia se apagaron. El viento sopló desde la escalera como el llanto de una mujer.

Comencé a reirme.

Beau y los atrapasueños

Últimamente los sueños están de moda, hablemos de sueños. Beau no siempre me visitaba a la hora de jugar. Podía también soñar con él en la noche, acompañarlo en alguna aventura o continuar con una previa. Tal vez es por eso que estos recuerdos son tan difusos. Algunas partes son muy vívidas, como si las hubiera visto de primera mano; otras apenas tienen sentido y apenas si entiendo lo que está pasando.
Llamemos a esta historia:

 
 
 

BEAU Y LOS ATRAPASUEÑOS

Al Rey Beau le encantaba verme dormir. Recargaba la barbilla en mi cama y sonreía desde ahí. A veces platicabamos, pero lo teníamos que hacer muy bajito, para no despertar a mi mamá.
“Te traigo sueños”, me dijo una noche. “Puedo traer cualquier sueño que quiera de sus campos, y dártelo mientras estás dormida”.
Le pregunté cómo es que eso era posible y esta es la historia que me contó.
En sus expediciones, el Rey Beau no sólo venía a nuestro mundo para robar voces.  Había muchas cosas más qué hacer y muchos otros lugares qué visitar. En un viaje en particular, se encontró en El campo de los Sueños. Estos no eran campos como podríamos pensarlos, con pasto o flores, sino más bien un espacio conformado por una niebla abultada que no se disuelve. De entre la niebla, podían observarse chispazos, como rayos pasando entre las nubes de una tormenta cuando esta no cubre por completo el cielo. Al estallar, los chispazos proyectaban imagenes sobre la niebla, pero sólo por algunos segundos. Las escenas mostraban a veces, personas volando y a veces animales o lugares. Eran sueños.
Beau no estaba solo en esos campos. Conforme avanzó por entre la niebla, se encontró con un puño de criaturas. Estaban sentados en alguna piedra o recostados por ahí, mirando hacia la niebla. Sostenían unos tubos largos, que usaban para aspirar los chispazos cuando aparecían. Atrapaban los sueños y se los comían.
Los sueños no son nada. No tienen ningún valor, ni ninguna sustancia. Sólo son pensamientos perdidos, la pelusa que la mente suelta. Al menos es así como Beau llegó a describirlos. Los atrapasueños sólo le prestan especial atención  a los buenos sueños, porque son los más ricos. De sus cuerpos les salían largos tentáculos que funcionaban como raíces, siempre buscando por más para alimentarse. Cualquier cosa que apareciera en su campo los atraía.
Beau, como de costumbre, no tenía miedo de ningún sueño ni ningún atrapasueños. Caminó por el campo por que no había manera de rodearlo y en definitiva no pensaba regresar por donde había venido después de encontrar un lugar tan interesante. Para su mala fortuna, los tentáclos de los atrapasueños comenzaron a notarlo y pronto los mismos atrapasueños no pudieron resistir intentar agarrarlo de la ropa y arrastrarlo hacia ellos. Los atrapasueños no tienen dientes, porque todo lo que hacía era chupar por sus tentáculos. Sus ojos son enormes y sus narices son como un pico. Beau intentó luchar con ellos, pero a diferencia de las caras en la cueva de la bestia del closet, los atrapasueños no están fijos a un lugar y pronto lo superaron en número.
Beau arrebató uno de los tubos para chupar sueños e intentó mantenerlos a raya, pero los tentáculos eran muy pequeños y flexibles y pronto algunos comenzaron a clavársele en la piel. Justo cuando los atrapasueños lo tenían rodeado y comenzaban a lastimarlo, el sonido largo y cansado de un cuerno sonó. Las criaturas se detuvieron y luego comenzaron a alejarse, como si de pronto Beau se hubiera vuelto venenoso. Cuando todos terminaron de alejarse, Beau se encontró delante de un guerrero en un caballo pálido.
“Has molestado a los atrapasueños”, dijo el guerrero.
“Ellos empezaron”, respondió Beau, “yo sólo quería pasar”.
“Debes ganarte el paso en mi reino”, respondió el guerrero, “te ayudaré, puedo ver que eres un amigo de la Luna”.
Beau caminó con el guerrero através del campo. Junto a él, los atrapasueños lo ignoraron y volvieron a la tarea de chupar sueños de la niebla. El guerrero era joven y de apariencia delicada; su actitud era tan distante como el de las criaturas a su alrededor y Beau comenzó a sospechar que la niebla tenía algo qué ver con todo eso. El guerrero brillaba ligeramente con la luz de los sueños, como si fuera de plata y obsidiana.
“la Luna es mi hermana”, dijo el guerrero. “Yo cuido de los sueños. Mi gente los hace y los enviámos a los durmientes, en el otro lado”.
“¿Y dejas que esas cosas se los coman?”, preguntó Beau.
El guerrero se encogió de hombros “está en su naturaleza, no es mi papel detenerles”.
Beau dio un gruñido de molestia, pensando que eso era tonto. “Yo soy el rey del Lugar Callado. Nadie toma lo que es mío. Si lo hicieran, me comería sus voces y los dejaría sin piel.”
“Entonces puedes ayudarme”, le dijo el Rey del Sueño.
El Rey del Sueño llevó a Beau a una torre alta hecha de piedra pulida, tan tersa como el hielo. Subieron por la torre hasta la cámara real, donde asomaron por un balcón y miraron los enormes campos en donde la niebla se extendía hasta donde el ojo alcanzaba a ver. Había más que atrapadores en los campos; había grandes ríos que se extendían por la planicie y extrañas criaturas andando en manada, pero hacia el Oeste, la niebla se volvía oscura. Los chispazos de los sueños parecían más enojados y frenéticos y los atrapadores yacían en el suelo, siendo picoteados hasta despedazarse por unos extraños monstruos parecidos a enormes pájaros. Estos buitres no cesaban de picotearlos  hasta que de los atrapasueños no quedaba nada.
“Observa”, dijo el Rey del Sueño y apuntó hacia aquél rincón desolado y oscuro.
Mientras un nuevo atrapador sólo se concentraba en esperar un nuevo sueño, otro de esos pájaros volaba sobre él. El monstruo esperó hasta que la situación pareciera idónea y entonces se fue en picada para atacarlo. Dejó tuerto al atrapador con sus patas y usó su pico dentado para arrancarle una mejilla. Los tentáculos del atrapador de inmediato intentaron atacar, pero por algún motivo resbalaban por encima del ave.
Son sus plumas”, explicó el Rey. “Son muy aceitosas, los tentáculos se resbalan”.
El llanto del atrapador atrajo más de esos monstruos. Pronto su cuerpo no hizo otra cosa que saltar en pequeños espasmos mientras docenas de esas criaturas se quedaban con los últimos pedazos de carne. Alrededor del atrapador, la niebla pareció crujir y adquirir ese tono sombrío y muerto, sumándose al rincón oscuro. El resto de los atrapadores ignoraron a su amigo caído y no se movieron de donde estaban, estaban muy ocupados con los sueños.
“Mi hermano ha hecho un pacto con La oscuridad. Quiere infectar los sueños y enviar la oscuridad a los durmientes. Sus pesadillas van a destruir mi campo. No cuento con ningún ejército. Mientras controle a los gusanos, no puedo detenerlo.”
“Esos no son gusanos”, contestó Beau.
“No ellos, ellos se alimentan de gusanos”.
Cuando recién llegó al campo de los sueños, Beau creyó que sería fácil pasar. El problema del Rey del Sueño no le interesaba, incluso aunque La oscuridad nunca hubiera sido una aliada del Lugar Callado. Aún así, una parte de la Luna aún se encontraba en su corazón y ese fragmento nunca permitiría que Beau se cruzara de brazos mientras este lugar era consumido por La oscuridad. Así que aceptó ayudar al rey.
Beau era muy listo y sabía mucho sobre gusanos. “Sólo existe un gusano, incluso si existen miles”, le explicó al principe. “Matarémos ese”.
Aunque a Beau nunca le daba miedo nada, no era ningún tonto. Internarse en el parche de niebla consumida era como regalarse a los cientos de monstruos pájaro que rondaban el lugar, y eso sin mencionar a los atrapadores, que sin la compañía del rey, también comenzarían a molestarle; así que siendo tan inteligente como inteligente era, él decidió dos cosas.
Primero, que el Rey del Sueño lo acompañaría, por que esto era sobre todo su culpa. Segundo, que viajarían al Gusano por los túneles del Gusano. Claro que tenía sentido. Al Rey del Sueño no le hicieron gracia ninguna de las dos ideas y a Beau le pareció verlo al punto del llanto delante de la idea de ensuciarse, pero a Beau no le interesaron esas lágrimas.
El rey del Sueño lo llevó a una gran grieta en el suelo, donde las costras de mala niebla que plagaban el reino se reunían. El agujero estaba rodeado por esqueletos de atrapadores y de sus tubos, pero los pájaros monstruo habían abandonado el área hacía mucho, en favor de terrenos más fértiles para cazar. Con el arco del Rey y las cuchillas, las voces, la rapidez y la fuerza y todas las demás habilidades de Beau, estaban lo más listos que podían estar y andaron hacia el agujero.
La red de túneles se bifurcaba y de vez en cuando, tenían que arrastrarse por espacio angostos o anchar algún agujero. El Rey usó algo de luz prestada de su hermana para guiarles en el camino. La luz rebotó por los muros del túnel y las colas de cualquiera de los pequeños gusanos que tal vez les habrían molestado. Fonalmente, llegaron a una cámara amplia. Estaba encendida con llamas oscuras y heladas y cubierta con la misma piedra pulida que la torre del Rey. En el centro, un joven guerrero muy parecido al mismo Rey les miró llegar desde su trono; era dorado y azul. A su lado, enrosacado y con un rostro sin rostro, se encontraba el Gusano. Pulsaba, inmóvil, como una vena viva y suelta. El guerrero tomó un cuchillo y le cortó dos rebanadas. las rebanadas cayeron al suelo y de ellas surgieron dos gusanos más.
“¿Lo ves Rey?”, señaló Beau. “Sólo hay un Gusano”.
Dicho lo anterior, atacó.
Por supuesto que el Rey de las Pesadillas no iba a permitir que Beau simplemente matara a su gusano. Dejó salir un fiero lamento y los dos pequeños gusanos respondieron de inmediato. Detrás de su arrastre su rastro dejaba una baba venenosa y ácida que carcomía la piedra pulida. Sus hocicos se abrían grandes y hambrientos. El Rey del Sueño fue rápido en perforar a uno de ellos de un flechazo, Beau esquivó al otro y dejó salir una de sus voces perforantes, que lo detuvieron en seco y lo hicieron enroscarse en una bolita.
El Rey del Sueño cargó otra flecha y la apuntó hacia el Gran Gusano. El monstruo se movió y trató de caer encima del Rey, siseando mientras flecha tras flecha penetraba su carne. Mientras el Rey estaba enfocado en salvar a su reino, Beau le prestó más atención a las cosas que en verdad importaban y lo que en verdad importaba en ese momento para el rey de las pesadillas, era proteger la piedra que colgaba de su cuello. Beau supo esto por que era un gran cazador y los cazadores siempre han sido capaces de detectar cómo alguien protege algo valioso. Esa piedra, decidió Beau, era su blanco. Mientras el Rey del Sueño mantenía al Gusano ocupado, Beau fue tras el Rey de las Pesadillas.
“No me interesa por qué ayudas a la oscuridad”, le dijo mientras sus cuchillas chocaban contra la espada del oscuro. “No me interesa que tú también seas un hermano de la Luna. Esa piedra es mía y la tendré”.
El rey de las Pesadillas era un gran guerrero, rápido, aunque pequeño; pero la desesperación le hizo titubear y alterar sus tácticas para proteger la piedra y esto era algo que Beau reconocía muy bien. Soltó dos voces en los oídos del Rey, confundiendo sus sentidos y alterando su balance. En esta ventana de oportunidad, Beau le arrancó la piedra del cuello.
El gran Gusano se detuvo, lo que era bueno, ya que al Rey del Sueño casi se le terminaban las flechas, que ahora cubrían al gusano con un dolor que debió ser enloquecedor, pero los gusanos no son en realidad criaturas muy inteligentes y raramente les llega a interesar el dolor. Se detuvo y miró a Beau, que entonces entendió lo que había conseguido.
“Puedo hacer que el Gusano se coma a tu hermano”, le dijo Beau al Rey del Sueño.
El Rey de las Pesadillas, entendía su derrota y que era incapaz de escapar, así que no lo intentó.
“No”, suplicó el Rey del Sueño, “está en su naturaleza”.
Normalmente, Beau lo hubiera hecho de cualquier modo, pero de nuevo ese pedazo de Luna que llevaba adentro, lo hizo enviar al Gran Gusano lejos, de vuelta a su tierra, para nunca volver a los campos del sueño. Beau se quedó con el corazón del gusano para él y el Rey de las Pesadillas regresó también a su torre, derrotado por última vez.
Como fuera, Beau todavía no terminaba. Le irritaba sobre manera que ni los atrapadores ni su Rey hicieran nada para defenderse y odiaba que los atrapadores tomaran sin devolver nada. Así que se detuvo desde la torre del Rey y rugió en una voz tan terrible que incluso la niebla tembló y los sueños callaron por un momento.
“ESCUCHEN”, rugió. Y por una única vez, los atrapadores escucharon.
“NO PUEDEN DEDICARSE SOLO A COMER SUEÑOS. DEBEN TENER UN PROPÓSITO. MIREN”.
Apuntó a uno de los monstruos pájaro, dando vueltas por encima de la niebla, buscando algún gusano, acechando a los atrapadores.
“PELÉEN”.
Y uno de los atrapadores lanzó su tubo al cielo, y el tubo atravesó al pájaro por el corazón, haciendolo caer al suelo. Lo que el pájaro soltó por la herida, era casi tan dulce como los sueños. De ahí en adelante, El Rey del Sueño tendría un ejército y a Beau se le concedería llevarse cualquier sueño que le diera la gana, como recompensa a su ayuda.
Y es por eso que siempre tuve buenos sueños cuando era una niña.

§

El Retrato de la familia Stevenson

¿Quién dice que los fantasmas no tienen sentido del humor? Los Stevenson eran una familia rica de Boston, orgullosa de gozar de los privilegios de la industria de la ciudad y una longevidad notable. Este retrato, tomado en 1945, conmemora un esfuerzo por reunir a los Stevensons más viejos alrededor de la más joven. Emelia (al centro), de 102 años de edad, obtuvo entonces el título de “Matriarca”, mientras que la pequeña Ophelia, posó para la foto con apenas 18 meses.
Lo que los Stevensons no notaron hasta que la fotografía fuera revelada era que alguien, de entre los muertos, se había dado cita con ellos para celebrar ese día. James Pullman Stevenson (1835-1932), sentado a la izquierda, entre su nieta Ginny y su sobrino Alfred, fue fácilmente identificado por los allí presentes y recordado tanto por su bondad, como por su humor pesado y un tanto negro.