un pobre ciego

En Berlin, tras la segunda guerra mundial, poco dinero, poca comida y muchísima hambre. En esos tiempos, la gente contaba el cuento de una joven mujer que vio a un ciego abriéndose paso entre una multitud. Los dos comenzaron a hablar. El hombre le preguntó si podía entregar una carta en el domicilio del sobre. Bueno, le quedaba de camino a su casa.

Partió para entregar el mensaje y cuando se dio la vuelta para regresar y ver si había algo más que el pobre ciego necesitara, lo vio, apurándose a desaparecer en la multitud, sin sus lentes oscuros o su bastón guía. Una o dos semanas después, la policía respondió al reporte y descubrió, para asombro de todos, una carnicería que después de una mínima revisión, cerró de inmediato, condenando a los empleados a penas que de entrada parecieron un poco exagerados.

El mensaje en el sobre decía:

“Esta es la última que te mando hoy, Saludos.”

Rey Suicida

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La baraja está compuesta por capas de significado y simbología que se remontan a varios siglos atrás, los cuatro reyes, por ejemplo, están basados en reyes verdaderos: El rey de diamantes representa al próspero Julio Cesar, el rey de picas representa la brutalidad de Alejandro Magno y los ases representan la fortaleza y amabilidad del Rey David; por otro lado, los corazones representan la… inestabilidad mental, por así decirlo, de Carlos VII de Francia. Es de tomar nota que Carlos VII fue el único de los cuatro reyes que vivió para mirarse impreso en el juego de cartas, lo que tal vez explique un poco la forma en la que se distanció de sus homólogos.

Carlos se volvió el rey de corazones en el mismo comienzo de su mandato, pero nunca tuvo la oportunidad de jugar a las cartas hasta varios años después, cuando enfermo de una fiebre repentina y falta de explicaciones, cayera literalmente de su trono, evitando que pudiera continuar con sus ocupaciones. Fue durante este período que Charles comenzó a aprender juegos de cartas para pasar el tiempo, como una versión inicial del blackjack, ving-et-un (veintiuno).

»toca y reparte

7 vueltas

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La montaña rusa Euthanasia es un diseño conceptual para pista de monorriel diseñado para matar a sus pasajeros. Presentada como modelo a escala en 2010 por Julijonas Urbonas, un candidato a doctorado en el Royal College of Art, de Londres. Urbonas, quien trabajó en un parque de diversiones, declaró que el objetivo de su diseño es terminar con la vida “con elegancia y eufória”. Es un paseo hacia la muerte. Las siete vueltas o “inversiones” llevan al cuerpo humano a un estado de colapso debido a la privación de oxígeno a la que el cerebro es sometido, mientras el corazón es incapaz de bombear sangre debido a la presión de las enormes fuerzas G desatadas en el recorrido. En síntesis, está diseñada para brindarle a sus pasajeros una muerte divertida; un objetivo honorable, aunque finalmente macabro.

Evolución artística

El alejamiento progresivo de la realidad hacia una fantasía desbordante se encuentra claramente trazado en esta extraordinaria serie de pinturas realizadas por el artista de principios del siglo XX, Louis Wain. Durante veinte años, Wain pintó retratos caricaturizados y realistas de gatos que captaron la atención del público londinense; su inmensa popularidad lo llevó a ilustrar calendarios, álbums y postales. Pasó la mayor parte de su vida viviendo en reclusión, junto a tres hermanas solteronas y diecisiete gatos.

A los 57 años, los atisbos de la psicósis que luego dominaría su vida comenzaron a emerger, tanto en su vida personal como en su obra; convencido de que sus enemigos eran capaces de influir en su mente por medio de impulsos eléctricos, sus retratos adquirieron un tono ominoso.

»Qué tan mal

Sello de aire

Cuando el juego comienza, estás solo en un refugio, tachas otro día en el calendario y comienzas a revisar tus cosas; estás preparando tus cosas para salir al pueblo más cercano. Subes los cierres del traje y sellas la máscara. La luz verde en tu medidor de oxigeno te avisa que cuentas con suficiente para sobrevivir afuera. El mundo se detuvo cuando el aire comenzó a terminarse. Una inmensa mayoría ni siquiera tuvo tiempo de enterarse de lo que estaba ocurriendo, hasta que fue muy tarde. No era como la humanidad misma se lo había imaginado: rápido y sin las explosiones y las masas de gentes alteradas corriendo por las calles a las que nuestras películas nos tenían acostumbrados; nadie hubiera imaginado un apocalipsis más silencioso. La gente simplemente se desmayó justo donde estaba; no hubo tiempo para evacuar —¿y a dónde evacuar? Los sobrevivientes fueron aquellos que habían planeado con antelación, que se habían preparado para lo imposible; su herencia fue un mundo solitario y muerto; con mucho tiempo para pensar y reflexionar.

No hubo destrucción en las grandes urbes; así que cuentas con un enorme territorio para explorar y buscar tesoros, sin quitarle la vista de encima al medidor, por supuesto; el medidor está en tu ropa, no hay ninguna interfase extra, así que tienes que mirar hacia abajo para verlo; si llegas a olvidarte de él, estarás frito en menos de lo que te imaginas, a menos que puedas encontrar aire de algún modo. Tu campo natural de exploración está conformado por vecindarios abandonados, patios de escuela, edificios departamentales y rascacielos. La falta de aire ha preservado a los billones de cuerpos, convirtiendo al planeta en un mausoleo de cuerpos secos llenando las calles y los edificios.

Tu único contacto y garantía de que alguien más ha sobrevivido, es una voz, lejana, que tiende a responder por un radio de onda corta. No conoces su idioma, y no conoce el tuyo; pero han pasado años así, hablándose sin entenderse, intentando llegar a algún acuerdo al respecto de alguna palabra de la cual partir; ha sido imposible. Un día, tu contacto deja de responder a la frecuencia en la que la encuentras; la decisión es libre: intentar, con tus limitados recursos, llegar hasta donde crees que se encuentra, o permanecer aquí, escuchándote respirar en la vasta tumba de la humanidad.

Música para las hadas

Clifford Hoyt, edad 31, sufrió graves heridas en un accidente automovilístico en 1999. Al recuperar la consciencia, le contó a una de las enfermeras que había estado en el infierno, profundizando a detalle en las torturas y la angustia que experimentó. Se negó a recibir apoyo psicológico y en unos cuantos días fue dado de alta.

§Regresar

Presentación especial

La estación de radio de Lone Wolf, en Fallout New Vegas, es un remolque abandonado a la mitad del vasto mundo explorable; pero no siempre fue así. Originalmente, alojaría a un personaje mucho más sádico y depravado que cualquier otro aparecido en la franquicia de videojuegos.

Se había pensado para emitir una señal de radio que él mismo conduciría, despotricando desvaríos de locura en intervalos impredecibles a lo largo del día; hasta las once de la noche, cuando la estación saldría del aire. Lone Wolf regresaría al punto de las tres de la mañana, con un niño. Un niño diferente sería la atracción principal de cada noche, a la que el conductor le diría: Todos se han ido, estás solo, deja que termine, antes de asesinarlo, en vivo.

Escuchar la transimisión a las tres de la mañana iniciaría una misión alterna, La pequeña caperucita muerta, en la que el jugador tendría que rastrear a Lone Wolf y matarlo, o unirse a él en su cacería de niños, llevando al jugador al “logro” de matar al niño él mismo. Se supondría que para matar al niño el jugador tendría que haber cumplido un número enorme de requisitos.

El personaje, la misión alterna y el logro serían finalmente descartados debido a su naturaleza perturbadora. De cualquier forma, en algún lugar de los archivos de Obsidian, existen las grabaciones preparadas para la estación de Lone Wolf, incluyendo las simulaciones de los asesinatos; mismos que jamás se harán públicas. Todo lo que queda en la versión final es el remolque abandonado, junto a algunas pistas ocultas a lo largo del Mojave.