Por estas cosas te dejo

—Por estas cosas, sí.
—Puta ¿estás despierto?
—Te soñé.
—Ay no.
—Sí. Otra vez te soñé. Que me dejabas y no…
—El puto efecto Mandela.
—Sí. Pero no era el mismo sueño. Era igual pero no era el mismo. Distinto.
—A la verga, vas a empezar con tus pinches exes.
—No, no, no. No me pusiste atención la última vez.
—O le paras o me levanto y me voy a mi casa Marco.
—Esta idea es más importante que yo. Regresa a la cama. Sal de ahí. Esto podría aliviarte tanto. Esto podría aliviarnos tanto, a todos.
—Pues cuéntaselo a tus putas o a tu psiquiatra pendejo.
—Por favor. Abre la puerta. Escúchame.
—¿Qué me vas a decir eh? Vas a empezar con tus mamadas otra vez de que a las seis de la tarde con veintidós minutos del año de la cabra el evento nos borró a todos ¿no? Que somos irrelevantes y lo que sentimos y lo que sientes y lo que siento porque el evento reinicia toda la realidad.
—Sí. No. Ni siquiera sé qué es el evento. De lo demás estoy seguro. Cada elemento, cada átomo. Lo que compone y lo que (Lo está haciendo de nuevo. Lo mismo. ¿Por qué?, ¿qué estoy haciendo con este puto loco?) por lo que somos libres. Tú eres libre. Y yo. (¿Cuándo me enamoré de este pendejo?). Mira, ¿sabes qué? sólo es una idea. Sal. No tienes qué irte.
—Ya, no digas nada. Por estas cosas
—me dejas. Sabes que soy así, obsesivo, pero esto es el colmo. Decir que lo que sientes es irrelevante. Ni siquiera puedes entender lo que intento explicarte. ¿Me entiendes ahora? He dicho cada palabra que pensabas decir porque esto es un ciclo.
—Adiós Marco.
—Por estas cosas me dejas. Por estas cosas, sí.