círculo de tierra

Los hijos de David Lang, George y Sara, de ocho y once años respectivamente, jugaban en el jardín, cuando Lang y su esposa salieron de la vieja casa de campo con los muros cubiertos de enredaderas. Lang se adelantó a su esposa, llamó a los niños y comenzó a caminar por su enorme propiedad, un espacio considerable y al aire libre, en dirección a ellos. En ese momento, el juez August Peek y el cuñado de Lang, entraban en el terreno abordo de su vehículo con la finalidad de pasar el fin de semana juntos. El juez vio a Lang en el campo y estaba a punto de llamarle con el cláxon del automóvil cuando sobrevino el fenómeno.

Lang desapareció.

El lugar en donde Lang estaba caminando era completamente llano, sin árboles, piedras o variaciones de altura que obstaculizaran la visión de todos los testigos. De un momento a otro se le perdió de vista. La esposa y los dos hombres corrieron al punto en donde el hombre había desaparecido, pensando que tal vez había caído en alguna zanja escondida entre la hierba.

El suelo estaba tan plano como podía verse desde lejos. La señora Lang sufrió un ataque de histeria y fue llevada a la casa de campos con sus hijos. Se pidió ayuda a los vecinos, un batallón de personas inspeccionaron la propiedad y sus alrededores, sin resultados. La búsqueda continuó por un mes más. Todos los sirvientes de la propiedad renunciaron asustados. Un año después, la zona donde Lang desapareció era un círculo de hierbas muy crecido, de aproximadamente noventa centímetros de diámetro. Los animales se negaban a acercarse, la tonalidad de las hojas adquirió un color gris y el lugar estaba envuelto en un silencio antinatural.

Un día de Agosto de 1881, Sarah y George se aproximaron al círculo y llamaron a su padre, dejando largas pautas de silencio entre cada llamado, acentuadas por el enrarecido aire del sitio; lo hicieron por cuatro ocasiones, no hubo respuesta y, desanimados, dieron la vuelta para regresar; fue entonces que escucharon el llanto. Parecía provenir de muy lejos. Era, sin duda, la voz de su padre, pidiéndoles ayuda. Los hijos fueron por su madre y la trajeron hasta el círculo a jalones. Llamaron a su padre nuevo, y su padre contestó.

Durante varios días, la familia acudió al círculo y cada día, al llamarlo, David contestó con una voz que se fue haciendo menos audible, hasta que sólo fue posible escuchar el viento.

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