entre la lluvia, entre la nieve —sobre Blade Runner 2049

  • Puede que como respuesta al estandarte secreto en el que Blade Runner se convirtió, la secuela  resulte un inverso argumental. Allá, uno de los monólogos más importantes del cine, el hallazgo existencial oculto tras la eficacia de Deckard; acá, diálogos de grandilocuencia barítona y el anterior enigma cristalizado como premisa de arranque: un blade runner abiertamente replicante que pesca y persigue el enigma de la nueva historia: ¿dónde está el hijo de Deckard?
    La vuelta de tuerca (si calza en la definición) quiere hablarle justo a ese espectador mesmerizado por los neones de la original a través de su instauración como un clásico; su guía argumental (un recuerdo) puede representar uno de los mejores sapes generacionales que he visto: este recuerdo no te pertenece, dice llegado a cierto punto la trama, pero creíste que era tuyo y eso es muy normal.
  • El hálito cáustico del primer hallazgo no desmerece el resto de las pulsiones, la película tiene al menos un comentario ácido para muchos de los rasgos de nuestra contemporaneidad en representaciones económicas y puntuales: Deckard demuestra tener severos problemas de criterio a la hora de ejercer una paternidad responsable; nuestro nuevo y hierático Blade Runner puede sostener una sola relación significativa en su vida con una app de celular actualmente muy verosímil, etc.§

valles inquietantes —sobre Resident Evil Vendetta, de Takanori Sujimoto

  • Si esto hubiera salido alrededor de hace quince a diez años, habría vuelto loco a su público objetivo. Pasa lo mismo que con otras “grandes obras” de la cultura popular gestadas en la pantalla chica, el joven Internet y la primer década del siglo: corresponden a una edad y a una época tan particular que son incapaces de envejecer, en el sentido de que en realidad nunca estuvieron vivas.
    Ay, no sabíamos entonces que RE sería adaptada por W.S. Anderson y que W.S. Anderson no haría ningún otro milagro más allá de Event Horizon, no sabíamos que a capcom se le habrían acabo las ideas para la tercera entrega y que todo en adelante se trataría de otra clase de juego, algo que ni trataba ni esperaba incomodar ni asustar a nadie; ni siquiera a su propia base de fanboys (tal vez a quien menos).
  • La historia toma la batuta y la responsabilidad de atar cabos y seguir en un futuro medio distante a los ganadores del concurso de personajes mejor recordados: héroe genérico uno, héroe genérico dos y Tomboy-que-ahora-es-científica; se trata más bien de un OVA, de una adaptación libre o ya de plano, de lo que tenían pensando para la siguiente entrega de la serie antes de que llegara el reboot.
  • Yo no sé el resto de la raza humana pero mi punto de partida para evaluar qué tan buena o mala es una animación 3D es Final Fantasy: The Spirit Within, que bien puede no tratarse de la mejor película de animación jamás realizada sobre el planeta tierra (nada nunca superará a Bambi), pero estaba tan sobrecargada de recursos que parte del plan de negocios de Square Enix era lanzar a la morra protagonista como la primer “actriz virtual” de la historia.
    Así tengo más puntos de partida: utilizo la última pelicula de los power rangers para evaluar la originalidad de cualquier trabajo cinematográfico independiente (si tu idea se logró primero o mejor en los power rangers, a tu peli indie le hace falta indie), uso a Pepito y chabelo vs. los monstruos como herramienta de análisis de crossovers, remakes o adaptaciones y me valgo de la trilogía de Matrix para medir cualquier película en el puto tren del mame justo ahora.
  • No es mejor que Final Fantasy. Está casi ahí, creo, pero no, ni a mentadas. Los personajes están a centímetros de la expresión humana y por completo domiciliados en el valle inquietante: quieren ser demasiado humanos para adscribirse a un estilo de caricatura y demasiado ausentes para ser en realidad humanos. Tal vez lo que más luzca de la cinta por el público foco (equivocado, en todo caso) sean las secuencias de acción, pero finalmente, en alguna parte del proceso de producción, el estudio decidió nunca dibujar una línea entre una animación que funcionaría como un preliminar para comenzar a jugar un videojuego y lo que se espera de una película de hora y media.§

Vox y los buscadores

He vuelto. Como lo prometí, he estado escribiendo las historias para publicarlas en el foro un poco más rápido. La verdad he pasado la mayor parte del día durmiendo. Luego del último hilo ya no supe de mí. La noche fue tan callada y aquí en mi pequeño rincón del mundo, llueve y todo está helado; es el clima perfecto para dormir. Entré y salí de mis sueños toda la noche. Algunos eran recuerdos. Otros no tenían sentido. Muchos de ellos trataban de Beau. En uno, estaba cayendo.
No puedo decir que esto me esté consumiendo, pero de verdad me pesa en la mente. Mi cabeza duele mucho, el dolor viene y va, pero cuando viene, es horrible. Hay un zumbido en mis oídos tan intenso entonces, que he terminado por apreciar esos espacios de silencio absoluto que aparecen de pronto. Sólo ha ocurrido una vez hoy, el silencio.
Lo siento, tal vez suene demasiado lastimosa, sólo quiero detallarlo todo, tanto como me sea posible, por los lectores que me han acompañado hasta aquí. Si no fuera por estas sesiones de escritura, creo que a estas alturas ya hubiera decidido internarme en algún lugar. No puedo evitar pensar que hay algo al respecto de estas historias, que si las dejo desaparecer ahora, nunca las volveré a encontrar.
Sé que he prometido escribir Beau y los Robaniños, pero creo que es necesario hablar de algunas cosas antes, así que sin más preámbulos, esto es:

 
 

Vox y los buscadores

Antes de que todo esto comenzara nunca me había dado la oportunidad de recordar. Mi tiempo con Beau era sólo otra parte de mi niñez, algo en lo que pienso cada vez menos. Creo que alguien me pidió, la noche anterior, que elaborara un poco más sobre mi vida y este es un buen momento; no hubo nada extraño en la forma en que crecí. Mi padre nos dejó a mi y a mi mamá antes de que yo naciera (no sabía que mi mamá estaba embarazada para ese momento), pero el divorcio fue muy civilizado y yo veía a mi papá cada fin de semana, en las vacaciones y el verano. Él es una buena persona, de la misma forma que mi madre; simplemente fue una de esas relaciones que no lograron darse, pero nunca dejaron de querernos, ni a mí ni a mi hermano. Además de eso, éramos una familia normal, como cualquier otra en este país.
Ahora que me he tomado el tiempo de escribir las cosas y examinarlas, pude verme a mi misma, creciendo y cambiando. Los juegos que Beau y yo jugábamos tuvieron un efecto en mi, así hayan sido reales o no. Tal vez me estaba convirtiendo en un ser humano real, capaz de razonar, en lugar de las pequeñas fierecillas que en realidad somos cuando niños. Tal vez Beau me estaba enseñando algo. Aún así, no creo haber platicado lo suficiente de nuestros juegos y de la forma en la que cambiaron mi percepción del mundo que me rodeaba.
Beau amaba jugar a las escondidas. Amaba probar que podía cazarme y encontrarme en cualquier lugar en el que se me ocurriera esconderme. Mamá siempre se preguntó por qué me sorprendía tanto que Beau pudiera encontrarme. Para ella, Beau era un producto de mi imaginación. Yo amaba jugar con él, verlo feliz me hacía feliz. Mi peligrosísimo amigo, ególatra, feroz, psicótico y robavoces, pero mi amigo a fin de cuentas.
Un día le pregunté a Beau porqué le gustaba tanto jugar a las escondidas.
—¿A ti no?, tu especie siempre está jugando este juego.
Le pregunté qué quería decir con eso. Nadie que conociera disfrutaba de esconderse. Sólo cuando jugábamos, o cuando estábamos en peligro, cuando no queríamos ser encontrados. Me regaló otra de sus enormes sonrisas y se inclinó para hablarme al oído. En retrospectiva, me inquieta mucho que sus labios nunca se movían al hablar.
—Esta es la razón por la que siempre pierdes, Jeep: no entiendes cómo se juega. Tu especie puede ser muy buena para esconderse, pero ser un buscador es mucho más divertido. Hay muchísimas cosas que quieren encontrarte. Si jugamos, puedo mostrarte, pero tú te escondes primero.
Tal vez era joven e impresionable, pero también había comenzado a ser un poco más inquisitiva.
—Creo que estás buscando un pretexto para jugar.
—Abre tus sentidos —dijo en un tono que sonaba casi como una orden, —veámos qué te encuentra primero.
No sé muy bien a qué se refería con eso, pero se dio la vuelta contra una pared y comenzó a contar. Las sombras lo volvieron un poco difuso y además rodeó su cabeza con sus enormes manos, dejando claro que no estaba espiando. Era el fin de la conversación, si insistía sólo terminaría perdiendo el juego, así que empecé a correr. En realidad, el día lluvioso me había dejado con pocos escondites. Mi abuela, que se supone se encontraba cuidandome, estaba dormida en la sala y sabía que las elecciones obvias, como las alacenas o los closets, serían el primer lugar en donde Beau buscaría y que con estas condiciones nunca solía esconderme en el cuarto de huéspedes, que parecía tan obvio que seguro ahí no buscaría.
Parte del truco para ganarle a Beau consistía en confundirlo. Sabía que seguía rastros metódicamente, hasta que terminaban, no importando por qué o en dónde. Tomaba plena ventaja de esta obsesión. Abrí y cerré la puerta de una alacena mientras andaba, sólo para dejar que lo escuchara. Dejé un montón de ropa para lavar en el suelo de mi cuarto, el suficiente para dar la impresión de que una niña podría caber debajo y entreabrí la puerta del cuarto de mi hermano para que pareciera que justo alguien había dejado de vigilar. Estos rastros falsos lo frustrarían, tal vez dándome oportunidad suficiente para cambiar de escondite.
El baño en el cuarto de invitados no solía ser usado y siempre estaba lleno con las toallas de invierno y pequeños jabones de muchos hoteles; olía a vainilla. Entré de puntitas y cerré la puerta detrás de mí, antes de meterme en la tina y cerrar la cortina para esconderme. La única luz venía de una pequeña lámpara de contacto con forma de concha de mar. No estoy seguro de por qué la teníamos ahí. Acostada en la bañera y echa un ovillo, cerré mis ojos y me concentré en mi respiración para no delatarme y poder escuchar a Beau mientras avanzaba por la casa.
Ahora, obviamente, el Rey Cazador Guerrero del Lugar Callado no iba a permitir que una niña de cinco años se la jugara, pero puede que se divirtiera tanto durante el juego como cuando ganaba. Lo escuché abrir una serie de puertas de alacena y cajones. Beau me estaba dejando saber, con ese sonido, que el juego había comenzado. Intenté escuchar más, por encima de mi corazón acelerado y no pasó mucho cuando escuché un tipiteo en la puerta del baño. La perilla de la puerta tembló, el suelo crujió al responder al peso de alguien deteniéndose delante.
Esto me extrañó. Beau nunca había necesitado abrir ninguna puerta. La única vez que llegó a molestarse, lo hizo mientras nos encontrábamos jugando al teatro. La puerta se abrió y lentamente giró sobre sus goznes, libre, hasta chocar con el freno fijo al suelo. Justo entonces consideré que quiénquiera que hubiera abierto la puerta, podía ser alguien más. Me concentré en escuchar, mis esfuerzos me devolvieron una respiración lenta, difícil, ajena.
Con tanto miendo como llegué a sentir, me obligué a abrir los ojos, sin moverme. Desde donde estaba podía ver solamente una parte de la cortina y del techo, arriba de la regadera. No me atreví a mover un solo músculo para mirar mejor, pero pude ver cómo algo se encontraba entre la luz de la concha del baño, formando una sombra muy débil, apenas visible.
—Vox, ¿amor, entraste aquí?
La voz pertencía a mi abuela. Temiendo ser castigada, casi respondo, pero lo que Beau me había dicho detuvo mi voz al instante.
—¿Querida?
El ser se arrastró sobre el suelo de mosaico, casi al mismo ritmo al que lo harían los pasos de mi abuela. La silueta era casi del mismo tamaño que el de ella y aún así, me encontraba helada delante la posbilidad de que eso era casi mi abuela; algo que estaba jugando con mi confianza en un esfuerzo por hacerme salir. Bien podía tratarse también de una nueva treta de Beau y si era así, no le daría la satisfacción de engañarme.
—Ah, ya veo. Estás jugando con tu pequeño amiguito, ¿verdad?, ¿cómo dices que se llama, Bob? ¡Sal de donde quiera que estés, Bob está aquí y quiere verte!
No podía ser Beau. Su vanidad nunca le hubiese permitido jugar con su propio nombre. Desde su perspectiva, todos en el universo tenían la obligación de aprender y pronunciar correctamente su nombre. En ese momento, desde la cocina, pude escuchar una alacena cerrándose de pronto. Beau aún me estaba buscando, eso significaba que estaba a solas, con la cosa con la voz de mi abuela.
El ser hizo una pausa al escuchar la alacena. Se arrastró más cerca de la tina. Entonces pude escuchar otra cosa. Era un tono muy bajo, no era tan fuerte como para llamarlo una vibración y era apenas lo suficiente como para creer que se trataba de mi mente. Por alguna razón, el sonido hizo que mi estomago se hicera nudo y mi corazón se disparara como si quisiera salir corriendo desde mi boca.
—Vox, esto no es gracioso. Voy a contar hasta tres y si no has salido cuando termine, voy a tener que contarle de esto a tu mamá cuando llegue.
No quería esta cosa cerca de mi mamá de ningún modo.
—Uno…
Aguanté la respiración y miré como la débil luz desaparecía casi.
—Dos…
El zumbido estaba a punto de hacerme gritar. Me salieron algunas lágrimas de los ojos. Solamente era una niña. Estaba acostumbrada al monstruo que me dejaba cantarle, no al que tomaba la forma de mi abuela y amenazaba con hablarle a mi mamá. Quería gritar, saltar y correr, pero no había forma de que pudiera escapar si lo hacía, lo sabía, muy dentro de mí.
—Tres…
La cortina de la regadera comenzó a moverse. Una cara se formó contra el patrón de flores. No tenía rasgos únicos. Pudo haberse tratado de mi abuela, pero también podía tratarse de mi papá o de mi maestro de química. El zumbido no subía ni bajaba, no cambió ni siquiera cuando la cosa estuvo prácticamente encima mío. El bulto parecía mirar directo hacia adelante, y mientras el bulto no se movió, la voz hizo eco en la tina.
—Ahora, ¿dónde se metió esa niña traviesa?
No pude soportarlo más. Se me salió un pequeño quejido. La cosa se congeló al instante, y yo estaba por completo segura de que todo había terminado. No tenía idea de lo que me iba a pasar, pero sabía que no era bueno. Había escuchado suficientes historias de Beau para ese momento como para saber que estas cosas no suelen jugar juegos ni cantar. El zumbido cesó. El bulto desapareció de la coritna y un momento después, escuchaba a la cosa arrastrarse lejos de la tina. Lo que remplazó al zumbido fue un silencio que me pareció tranquilizante.
Me quedé ahí por lo que pareció toda una vida antes de juntar el valor de asomarme un poco. Había una silueta en la puerta, alta. Una silueta que conocía.
—¿Beau? —dije en voz muy, muy baja. Mis labios temblaban. Moví la cortina y vi su rostro pálido, inclinado hacia mí, mirándome.
—Al parecer no gané. —dijo, pelando una sonrisa.
Quería golpearlo e insultarlo, pero no se me ocurría ninguna grosería. Se me ocurre una, ahora: Beau, pedazo de cabrón. Incluso entonces sabía que estaba ahí, esperando y probablemente divertidísimo, mientras la cosa con la voz de mi abuela me asustaba. No le dije nada, sólo le volteé la cara. Pareció notar que estaba molesto y se interpuso en mi camino fuera del baño.
—¿Aún no entiendes las reglas del juego? Siempre hay buscadores dispuestos a encontrarte Vox, pero sólo pueden encontrarte si tú quieres ser encontrada.
Di un salto cuando escuché la voz de mi abuela haciendo eco desde la cocina. Estaba llamándome para la cena.
—¿De verdad es ella?
Beau se encogió de hombros, o lo que pasaba por el ademán, viniendo de él.
Inflé las mejillas y reuní mi valor, dejando a Beau en el baño. Mi abuela estaba en la cocina, esperándome con algo para merendar. La abracé lo más fuerte que pude, y cuando me preguntó por qué estaba llorando, le dije que me había lastimado un pie al bajar las escaleras.
Lo admito, cuando Beau me llamó desde mi cuarto mientras yo me encontraba con mi abuela mirando la programación de novelas de la tarde y aburriéndome hasta la muerte, no me sentí demasiado feliz, pero me sorprendió un poco. Supuse que quería terminar con el juego.
—Ha dejado de llover. —insistió —Te toca buscar. Si dejamos el juego sin terminar, rompemos las reglas.
Alegué que la casa era una mejor alternativa y Beau me amenazó con dejarme sola con la cosa abueloide. Me dijo que sabía dónde encontrarla. Podría traerla aquí, a terminar cualquier asunto que tuviera pendiente. Contrarrestré con no cantarle más durante la semana. Ganó con el ofrecimiento de robar mi voz y tener todas las canciones que quisiera, para siempre. Terminé en la esquina. Conté hasta diez con molestia. Cuando me di la vuelta me sentía por completo segura de que Beau no se encontraría en la casa. Hasta ese momento, habíamos pasado demasiado tiempo dentro e incluso para Beau, el exterior era demasiada tentación. Le avisé a mi abuela que iba a salir al patio trasero.
La casa en la que vivíamos era la misma en la que mis padres habían vivido juntos. El antiguo cobertizo para herramientas de mi padre aún se encontraba en pie, en uno de los rincones del terreno, abandonado por años. Se me había prohibido jugar ahí. Nunca regresó por sus herramientas. Había toda clase de cosas y sustancias como pesticidas, goteando ahí dentro. Lo usual era que estuviera cerrado, pero ahora podía notar la puerta entreabierta. Me pregunté por qué Beau estaba intentando meterme en un problema, pero de cualquier forma terminé animándome a abrir la puerta.
—¿Beau? —susurré, asomando la cabeza, —no se supone que debamos estar aquí, me van a regañar.
Le di un vistazo al cuarto, intentando mirar un poco más allá de la podadora, de la mesa de trabajo y las luces de navidad, que junto a otras cosas formaban un collage típico de lo que cualquier familia suburbana almacena. Estaba en el rincón más lejano del pequeño cobertizo, detrás de un Santa de plástico y un viejo bote de basura: un bulto que no parecía corresponder con todo lo demás. Con un repique de triunfo, di un paso dentro, abriendo la puerta un poco más para que la luz llegara hasta el grumo de oscuridad en el rincón. Esta luz provocó un reflejo proveniente de una vieja sierra, colgando en uno de los muros y esa sierra fue lo que provocó que diera un paso fuera y cerrara la puerta de golpe.
Estaba en el reflejo difuso del metal de la sierra: una cara que, incluso distorsionada por la forma del material, no podía pertenecer a Beau; boquiabierta, de ojos oscuros y amplios. No sentí que la cosa me hubiera visto, pero no pensaba regresar para confirmarlo. Lo que había visto bien pudo ser el resultado de la combinación de algunas decoraciones botadas ahí también, justo como la cosa abueloide pudo haberse debido a mi imaginación hiperactiva, pero como Beau había dicho, ellos sólo podían atraparme si era eso lo que quería.
—¡Beau! —grité desde el patio —¡ya no juego!
Escuché su voz flotar desde detrás de un árbol.
—He matado por menos… de cualquier forma, no me habrías encontrado.
No quiero dejar la impresión de que estaba llevándome mi balón a casa, porque no creo que eso es lo que pasó aquí… pero tampoco tengo muy claro cómo explicar esto. Supongo que me siento como una invitada, soy yo la que está pidiendo ayuda y en realidad nadie tiene por qué leer mis historias tontas de la niñez, o descender a la esquizofrenia conmigo. Trato lo mejor que puedo.
Ya no recuerdo a qué iba con esto, lo que me asusta un poco, así que supongo que eso es todo. Ahora necesito dormir… regreso luego.

Coldtom

Durante la segunda mitad del siglo XIV, hacia 1360, vivió un terrateniente llamado Waywick, en una área actualmente conocida como Cheddar, en Inglaterra, que terminó apropiándose de un sirviente muy singular, sobre todo tomando en consideración que los Waywick no contaban con ningún sirviente, excepto por el que apareció una tarde, luego del te. La hija mayor de Waywick fue la primera en notar la presencia de este hombre y creyéndolo primero un cliente (aunque con toda honestidad, habría sido un pintoresco cliente) y le informó que Waywick no se encontraba en ese momento.
Cold Tom, como pidió que se le llamase, miró desde la mesa de trabajo en la que se encontraba sentado y le contó a la moza que él era el sirviente de su padre y viviría a su servicio por el tiempo que su nuevo amo ordenara.
Y así, Cold Tom acabó viviendo con los Waywick, adoptando una curiosa combinación de mayordomo, jardinero, entrenador y negociante. EL señor Waywick terminó consultando a Tom por muchos motivos, muchos más de los que su familia creería prudentes; pues Tom ejercía un efecto muy curioso sobre él. Tom era más bien alto, excesivamente delgado y de cabeza demasiado larga, cubierta por un tipo de cabello apagado y casi blanco; su cara estaba partida con una marca en forma de fresa que contaba era una marca de nacimiento y que contrastaba con sus ojos, uno azul y uno verde, brillantes, sobre todo cuando no había luz.
Sin importar lo extraño que fuese, Tom siempre le fue fiel a los Waywick y siempre hizo lo mejor que pudo para servirles en todo. El único cambio de humor que tuvo lo provocó una travesura de Margareta, que, haciéndolo tropezar, provocó que un viejo jarrón de porcelana terminara hecho pedazos; nadie sin embargo, quiso hacerlo culpable.
Una mañana de un cuatro de abril, en el último año de 1360, la señora Waywick vino a encontrar una credenza en la cocina en donde nunca una credenza había existido. Era, Tom se lo explicó cuando ella preguntó, una credenza mágica. Él siempre había creído cruel al señor Waywick, por nunca regalar a su mujer un lugar tranquilo para descansar al menos un momento del trajín diario.
La señora Waywick quiso saber qué había dentro de la credenza y Cold Tom, con calma explicó:
—oh, a un lugar mágico donde todo menester es levantado de tus hombros y se vive en utópica calma y tranquilidad para siempre; debería verlo usted misma, —la invitó.
Cold Tom, respondió que ¡pero por supuesto que sabía! y sintiéndose apenado de nunca consentir a su esposa, le había pedido Tom que trajera este regalo para ella.
La señora Waywick no sabía qué significaba “utópica”, pero le preguntó a Tom si su esposo estaba enterado de todo esto.
Oh —dijo la señora Waywick —entonces está bien —y dicho esto, entró en el mueble.
Tradicionalmente, se cuentan 137 desaparecidos en el mueble durante esa tarde, que nunca fueron vueltos a ver por nadie; incluyendo al señor Waywick, su hija menor y la que le seguía, la nodriza, ocho de sus vecinos, la mayor parte de los niños del pueblo, el párroco y muchos de sus hermanos y hermanas.
Sólo la hija mayor de Waywick, Mary, permaneció afuera y así refirió todo a los hombres del rey, sobre lo que había pasado, contando que su papá “había entrado hace unos días, para intentar persuadir a la gente de salir de ahí, pero aún no había vuelto”.
De Cold Tom no se encontró el menor rastro, aunque en 1914, en una excavación arqueológica comenzada en la costa norte de la isla, en lo que se sospechaba la localización de un pueblo antediluviano, los arqueólogos encontraron unas escaleras que se hundían en la tierra, detrás de dos piedras monolíticas y una encima de otra.
Las escaleras llegaban hasta un cuarto subterráneo de unos veinte pies por unos dieciséis pies de ancho; el cuarto estaba lleno de cadáveres, poco más de cien, todos sentados con las rodillas debajo de la barbilla y los brazos amarrados a las piernas; los especialistas nunca pudieron explicar cómo es que, teniendo ropas que los remontarían a más de seiscientos años atrás, sus muertes parecían recientes.

 
 
 


Extraído de un libro para niños intitulado “un paseo por Waywickshire y otros cuentos de imposibles verdades”; pocas copias de este libro sobreviven. El autor de este cuento se llama Arthur Holmeswick.

Preguntas y respuestas

Lo siento, me está llevando una eternidad escribir cosas últimamente. Todo me tiene frita, pero siento que esto debo terminarlo. Lo último que puedo hacer es al menos responder algunas preguntas.


 
 
 
Anónimo: Yo tengo preguntas. Además de toda la situación de Beau, ¿cómo describirías tu vida por entero justo ahora? ¿estás feliz?, ¿estresada?, ¿hay algo que te moleste?, ¿cómo van la escuela/trabajo, tus amigos/familia?
De hecho mi vida ha estado muy normal. Tengo un buen trabajo, un departamento aceptable y he superado lo de mi ex. Mi familia y mis amigos son buenos conmigo, son relaciones estables. Es por eso que tengo la sensación de que esto ha salido de la nada. Soy tan promedio como una persona promedio puede serlo.

Anónimo: Vox, ¿cuáles son las dimensiones de Beau?, basado en la descripción de tus sueños, me da la impresión de un Michael Jackson con manos esqueléticas, piel pálida y una vestimenta rara. ¿Es alto, puedes describir un poco más su voz, cómo es su cara, tiene los pómulos altos, su cabello? ¿Sus colmillos son como los de un lagarto, en forma de cono, son como los de un tiburón, son cuchillas como los de un dinosaurio?
Es bastante difícil describirlo a detalle porque todo al respecto de él es demasiado lejano a lo humano y yo soy una artista pésima. Su piel se ve justo como la de un albino. Sus colmillos se parecen a los de un cocodrilo, puntiagudos y de diferentes tamaños que cierran totalmente. Es muy ato —diría que fácilmente topa con el techo. Su cuello es largo. Su sonrisa es demasiado amplia. Tiene los pómulos altos y puntiagudos y sus ojos son enormes, su cabello es blanco y está peinado hacia atrás.

Anónimo: ¿Beau se ve como Jack, de la película de animación de Burton?
No, tampoco es como David Bowie o Jhonny Depp, como lo han estado discutiendo; aunque no me molestaría. Tiene piel encima, aunque no se ve demasiado humano. Siento mucho ser tan mala describiéndolo, nunca he visto nada como él. Es confuso para mí de pies a cabeza, pero en especial, sus manos; personalmente, me aterran, pero puede que sea porque “sentí” una de ellas, algunas veces.

Anónimo: Sólo por curiosidad, ¿Cómo suena la voz de Beau, es una combinación de todas las voces que ha robado o tiene una voz propia?
Tiene dos. Su voz normal, que es como la que he estado escuchando; es las voz de un hombre adulto, como distorsionada; como si tuviera que pasar por alguna clase de interferencia. Sus suspiros son los que suenan como si tomaras un puño de voces juntas y las hicieras hacer el mismo sonido al mismo tiempo, en distintos tonos y volúmenes; como si fueran un coro que sale de la misma boca.

Anónimo: ¿Alguna vez ha sido compañero de alguien más de la misma forma en que lo ha sido/es para ti?
No recuerdo que haya llegado a mencionarlo. Amaba a la Luna, aunque no pudieron quedarse juntos. Toleró muchas criaturas. A través de las historias, parece que normalmente se concentra en la reciprocidad y en conseguir lo que está buscando. No estoy segura de haber sido su compañera, más que algún tipo de premio. Sé que muchos de nuestros juegos implicaban entregarle algún tipo de tributo por no comerme en la forma de canciones o aventuras y que él me contaba historias.

Anónimo: ¿Recuerdas si ver la Luna en el cielo tenía algún efecto en Beau?
Sí, la adoraba.

Anónimo: Me gustaría creer que eras algo más que una propiedad para él, incluso si te consideraba suya. Me parece que formó una conexión contigo, o una aproximación a eso dado su naturaleza. Se podría decir que estaba defendiéndote del gato, por ejemplo; el hecho de que pasara tanto tiempo contándote de él y sus historias parece decir algo más sobre esto, pero supongo que esto es relativo. Puede haber muchas razones para que haya vuelto a aparecer. No creo que estés loca, hay muchas cosas en este mundo que no es posible explicar o entender; por lo que he leído, me parece que lo último que Beau quiere es lastimarte.
Anónimo: Me parece que ella era simplemente otra propiedad para él. Aunque el resto de las historias me llevan a pensar que tal vez en ese momento no contaba con la capacidad para entenderla como su pareja; me parece también que Beau es muy similar a un niño yendo por su fase del ‘Yo’.
Tal vez sería algo más o menos a la mitad de los extremos. Es cierto que llegó a portarse como un niño muy posesivo, pero también pasó años entreteniéndome. Pudo haber tomado lo que hubiera querido de mí e irse.

Anónimo: Explicación racional (aburrida): todo está en tu cabeza.
Explicación Paranormal: Beau es un fantasma o cualquier otro tipo de criatura sobrenatural, las historias que te ha contado son ficcionales. En serio, ¿la oscuridad se robó la luna pero él la salvó y la devolvió al cielo? Nos has contado que era superficial y egoísta. Este fantasma/demonio probablemente disfruta de inventar historias donde él es el heroe, para satisfacer su ego. Cuando lo viste vomitando los bichos negros estabas a punto de ver su forma real. Si fuera tú, sería más cuidadoso de ahora en adelante.
Racional: El análisis Tac es el miercoles. No se preocupen, no me he olvidado de la posibilidad de que me esté volviendo loca.
Paranormal: Es muy posible que estuviera inventándome cosas. De verdad me pareció verlo sufrir cuando vomitó. No sé si esa era su verdadera forma o alguna otra cosa: los bichos me recordaron la historia de la Luna. Tal vez mi sueño sólo estaba reciclando eso.

Es decir, me gustaba que estuviera cuando era niña, tal vez esto no lo he dicho suficiente: era mi amigo imaginario cuando era una niña y el asunto de ser considerada como una pertenencia más nunca fue algo en lo que me detuviera a pensar entonces: no tengo la menor idea de por qué mi estúpido yo de niño decidiría que una relación de abuso con un rey demonio era una excelente elección en materia de amistades imaginarias, pero esto de ninguna manera ha sido un indicativo de mis relaciones siendo un adulto.
 
 
 

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imágen de cabecera: answerphone

el jardín de Marissa —sobre Colossal, de Nacho Vigalondo

  • Se siente injusto categorizar a Vigalondo como un director de género al que se le da muy bien la fantasía, la ciencia ficción y el horror; también, es imposible divorciarlo de dichos géneros y suscribirlo al llamado cine independiente, pues su cine explora los rasgos de estilo y temática en el aspecto más popular de tales géneros.
    Sin ir más lejos, 7 35 de la mañana, una pieza clave en la formación de su carrera como director cuenta con el doble registro de ser un video musical cursi y también una extraordinaria respuesta a la clásica forma en la que Hitchcock llegó a explicar la esencia del suspenso en el cine.
  • Ya si fracasa o si alcanza el éxito, Colossal está acompañada de una estrategia que raya en los límites interpretativos de una pieza cinematográfica en cuanto a su marketing, que se encuentra pensada desde la concepción misma de su guión: la cinta apela al cine de kaijus muy a la del Toro, pero esto se trata de un anzuelo; lo mismo ocurre para el público que haya visto en el trailer una comedia ligera con tintes fantásticos en donde queda claro que los movimientos corporales de una chica controlan los de un monstruo kilométrico.
    Puede que ahí se encuentre la firma o el componente fundamental del cine de Vigalondo: como en el cortometraje que filma para the ABC’s of Death, la ciencia ficción en código 7 o el profundo dominio del cine Slasher de Los cronocrímenes, su cine siempre se trata de una experienia de hallazgo que se aprovecha de las espectativas de su público.

  • Ni cine de kaijus, ni comedia fantástica, tanto como un manifiesto de la violencia contra la mujer en la cultura occidental; mucho más increíble es que mostrar el argumento oculto de la pieza, no la desnuda: para cuando el fan de Godzilla o Pacific Rim y el público que busca evadirse de la realidad por un rato, descubran que este es el caso, se quedarán a ver al final y carajo, es buenísimo.
  • ¿Qué tan cerca quedará el jardín de juegos para niños de Colossal del de Marisa? §

el respeto al monstruo —sobre Sadako vs. Kayako, de Kôji Shiraishi

  • Hace poco Landis, hablando sobre el proyecto dark universe, encabezado por la película the mummie estrenada en este mismo mes, habló de los monster rallys, que básicamente corresponden a la etapa en la que los estudios universal buscaron seguir explotando las franquicias de sus monstruos clásicos, ya reconceptualizando a los monstruos en situaciones distantes a su argumento original o precisamente, confrontándolos; para el director de la icónica de licántropos el problema descansa sobre todo en la presencia de monstruos más contemporáneos, tales como el par de luminarias que asegurarán un regreso económico en taquilla y también garantizan que la película no hace ni el mínimo esfuerzo por permanecer en su género o estilo originales.
  • Años atrás, ya otro estudio se caló en pelear a sus monstruos en pantalla sacando un sueño chairo  de la fanaticada del development hell y lanzando al ring a los principales de Nightmare on Elm Street y Friday the 13th; los resultados fueron desde el punto de vista más optimista, encontrados: para la filmación, el director Ronny Yu decidió declinar la disposición de Kane Hodder, quien había venido interpretando el papel del matón de calenturientos durante las últimas cinco películas, en favor de Ken Kirzinger, argumentando que él siempre había creído que Jason debía ser más alto.
  • Poco después, otro intento de monster rally se estrena, esta vez dirigido por W.S. Anderson, quien, de acuerdo al detrás de cámara de  Alien vs Predator, se metió el presupuesto de la película en crear un animatrónic hidráulico del xenomórfo, mismo que aparecería cerca de seis minutos en el corte final. Los resultados de la cinta fueron tan, encontrados, que incluso habiendo reunido el suficiente interés para justificar una segunda entrega, el proyecto entero y la idea de integrar el encuentro entre alienígenas en las historias canónicas de cada cual de ahí en adelante, fueron barridos debajo del tapete.
  • Pueden deducirse varias causas que tienden a eliminar toda posibilidad de continuidad en estos proyectos: las cintas son diseñadas como cashgrabs para explotar un público cautivo y la producción selecciona directores que exigen animatrónicos hidráulicos o actores más altos para hacer sus cintas, mientras en general suelen ser aves de paso del género y parecen dar la impresión de que el proyecto les viene y les va (‘sease que, los monstruos no son respetados).
  • Incluso siendo público cautivo del género en cuestión, cuesta trabajo desembolsar el boleto para ir a ver una película que, si se siguió el caminito tanto de Ringu como de Ju-on, cuando ambas piezas resultaban ser verdaderas piezas de autor (la fraquificación vino despúes), mucho más cuando very mucho conscientes de los gustos de su público, cinépolis ofrece solamente una función a las diez y media de la noche y te la proyectará doblada a fuercitas.
  • La cinta respeta el material original de los monstruos en el cuadrilátero, la dirección corre a cargo de un director que trae bajo el ala a Teketeke y Noroi, que si bien nunca hicieron caminito hacia este continente, son piezas ya clásicas del género; el argumento desplaza a los dos monstruos de la comodidad de sus cintas y los filtra sobre una visión distinta a la de sus creadores, sin con ello dejar de ser apuntes muy interesantes de la cinematografía de sus películas originales: Shiraishi emplea con extraordinaria sensibilidad los cambios de atmósfera correspondientes a cada fantasma y la manera de filmarlos, los introduce desde su espacio propio e incluso parte de las víctimas habituales de sus historias; en algún momento del film uno tiene la sensación de estar mirando una continuación de cualquiera de las dos películas.
  • Entonces llega el momento kawaii: dos personajes salidos de las profundidades del animé más elemental se presentan, los fantasmas de la cinta les hacen los mandados, la atmósfera se rompe; lo peor de todo es que son ellos el catalizador del “pleito” entre Sadako y Kayako.
  • El pleito entre Sadako y Kayako dura minutos, raya en lo mediocre: se siente como si los apuntes del director, hasta ese momento interesantes, se hubieran acabado; lo dejan a uno con la impresión de que dicha parte fue filmada sin mucha idea, con mucha prisa o ambas; las referencias se acaban y el público se queda a solas con los dos personajes mcguffin introducidos hacia el tercer cuarto de la cinta.